ENTREVISTA COMPLETA.






El mundo que tenemos. Veo con pancartas feministas a las mujeres más machistas y tradicionales en el sentido peyorativo del término hablando desde un discurso absurdo, aunque transversal, dicen, y les falta empatía y les falta conciencia. Veo mujeres modernas, en el sentido más peyorativo también del término, dando lecciones de vida o vestuario o sexualidad, qué mas da, cuando protegen a la joya masculina que llevan al lado como al capitán de su barco. Y veo cómo estas mujeres miran a otras compañeras desde el desprecio y por supuesto el miedo. Veo la cobardía en ellas y también el sinsentido pues la coherencia se encuentra en adecuar pensamiento y acción, ya no digo principios o valores pues han desaparecido. Veo en este país y esta región, cómo el trabajo y el esfuerzo se consideran elementos extraños, indignos, y sin embargo el vampirismo, el robo de ideas, de personalidad, de participación se considera inteligencia y en esto falta también como antes conocimiento de realidad y vida. Veo la diferencia y hablo a modo personal entre trabajar fuera de España -ese respeto e incluso admiración por tu trabajo y dedicación- y la zancadilla patria y ese pisar cabezas para alzarme yo. Veo la falsedad en todas partes y la invasión de la bêtise y tener la osadía de hablar siempre desde arriba hacia abajo. Veo como se habla de diversidad funcional o discapacidad para otros como una especie de movimiento o evento incluso social ahora, en el que aplaude quien luego no te permite avanzar, coloca obstáculos ante ti pero más tarde se coloca medallas frente a la cámara. Y pone en duda el sufrimiento, algo que debería ser castigado con el sufrimiento mismo en propia carne. No reconocemos el alma que tenemos al lado ni aún con un mapa. Veo como quien dice ayudar a otros y otras desde distintas entidades a la hora de la verdad sigue el modus operandi capitalista y le importa más bien poco la necesidad o necesidades ajenas. Veo cómo se autodenominan como escritores o escritoras, o fotógrafos o fotógrafas o artistas personas que lo único que han sabido hacer es ser copia y echarle un tanto de deshonra al mundo del arte para situar su cazo bien cerca del Estado o la zona de confort. Veo a quienes hablan de ir contra el Estado viviendo de él. Veo a quienes hablan de la izquierda desde la derecha. Y por último veo a toda una multitud sedienta, hambrienta y dolorida con una suerte que no llega porque otros y otras la construyen desde la absoluta falta de dignidad para sí mismos. No soy rencorosa, deseo y espero poder recordar toda la vida cada una de vuestras caras para que jamás se me olviden. No es posible ser amigo o amiga de Hitler o bailarle el agua y luego pretender acercarse a la niña judía cuya piel será convertida en jabón con tu absoluto y cobarde consentimiento para hacerse la foto o alcanzar cierto grado social de lo que ahora se denomina "ser guay" o "moderno" o "comprometido" o tan sólo postureo. Ni tan siquiera los términos que utilizan alcanzan dignidad de palabra.

De los treintaypico dibujos a boli que figuran en "El cuaderno del Olivar" de Carlos Álvarez Cabrero sólo quedan por vender estos dos.

Solo estarán expuestos 3 días más!
A 40€ cada uno!!!





Leyendo a Alba G. Entregada y deslumbrada ante esta voz, este libro y estas maravillosas ilustraciones de Mariuka Uka. Bellísima edición, excepcional y necesario libro. Un verdadero lujo.





Si llego a ser un genio, reniego del título.

Yo me quedo aquí, al otro lado de la historia de los grandes hombres ilustres. Porque en la sombra encuentro a la gente que no quiere quemarse.

Ser yo significa siempre, ser menos que tú y que tú pero no menos que ellas. Si llego a ser un genio, nunca llegaré a ser un genio: siempre seré demasiado bella o demasiado puta como para ser un genio.

El genio es algo incierto.
Los maestros nunca serán las mujeres. Nunca serán las mujeres maestros. Pero esas obras que inundan los libros de historia de vuestros hijos, las crearon ellos a la sombra del nombre de un genio.

Nadie sabe sus nombres.













Soy enana
tengo tripa
el culo gordo y celulítico.
Las piernas llenas de pelos
y granos que un día se enquistaron


no me depilo el coño
y los sobacos cuando me acuerdo


tengo una ligera papada
herencia de mi legado paterno
tengo una almorrana
y tampoco me depilo el culo.



Pero
y de forma inexplicable
seguís pagando cien euros la hora


y lo hacéis porque
a pesar de no estar buena


estoy más buena que Dios.


Alba G.




SUSCRIBO Y APOYO PERSONAL Y PROFESIONALMENTE, algo que llevo ladrando bastante tiempo, más bien años...
Gente sin Honor:
Por causa de gente indeseable, al final siempre acaban pagando justos por pecadores. Ayer, domingo, caí en la cuenta de que, en realidad, solo me relaciono con gente indeseable, y no me refiero precisamente a delincuentes habituales o gente así. No. Me refiero a gente que no cumple. Ayer, perdí toda la mañana porque Laura Fjäder y yo teníamos un recital. Pero al empresario que nos contrató se le olvido porque el sábado por la noche se lió hasta las tantas. Ayer, como consecuencia de ese olvido, terminé escuchando a un cantautor colega mío en un bareto cerca de donde Laura y yo teníamos que recitar. Y allí en ese bareto me encontre a un tipo que tendría que haber estado, por cojones, en nuestro recital. Pero no fue. Decidió que era mejor ir a ver al cantautor que ir a vernos a nosotros. Ayer, como consecuencia de todo esto y de más que me callo, acabé borracho como una cuba. Es decir: perdí pasta, perdí supuestos amigos y, encima, jodí la salud a base de bien. En resumen: si alguien quiere algo de mí, lo que sea, me suda la polla lo que sea, va a tener que empezar soltando las pelas por adelantado. Lo que sea, repito. David González ya no hace nada gratis, nada por la cara, nada por amistad, nada por nada. O sea que: ni te molestes en pedirme nada. Porque el gratis se acabó. El amor al arte se acabó. Nada será ya gratis. Nada, repito. Mi talento, poco o mucho, al igual que el de Laura Fjäder, ya no se dará gratis. Jamás de los jamases. Antes me muero de hambre. Que, de hecho, en esas estoy. En morirme de hambre, literalmente hablando. Y así y todo, sin tener un puto euro, seguía haciendo las cosas gratis o casi gratis. Se acabó. Es decir, en resumen: A no ser que vengas con la pasta por delante, ni te molestes en pedirme nada de nada de nada de nada de nada de nada. Desde que estoy en esto de la poesía, va ya para 20 años, me he caracterizado por ayudar a la gente, por darles cancha a sus historias en mi blog, por apoyarles, incluso saltándome a la torera mi poca salud. Se acabó, repito. Para morirme de hambre me muero yo solo. No necesito tu ayuda. Ni la de nadie. La pasta por delante. O, en caso contrario, ni yo ni Laura Fjäder, responderemos a tus peticiones. Está claro, para mí muy claro, que la peña considera que al hacer las cosas gratis eres un pringado. Se acabó, insisto. Si no hay pasta por adelantado, no pierdas el tiempo escribiendome porque mi respuesta será el silencio. Y esto va para todo Cristo. Amigos, conocidos, desconocidos, etcétera. En otra palabras: Sin pasta por delante, a tomar por el culo. Así de claro. A partir de este post, mi talento, si es que lo tengo, está en venta. Y para que nadie me toque más los cojones, mi talento estará en venta y a un precio al alcance de muy pocos. Vivo en una sociedad, en una Europa, que ha perdido total y absolutamente su humanidad. Una Europa, todos nosotros, que permitimos, como los alemanes en su día, que gente que huye de una guerra, venga aquí a morir de frío o de hambre o de palizas o de lo que sea. En resumen: Ya que vivo en una Europa de mierda, en una Europa capitalista, el que quiera algo de mí, lo que sea, por muy poco que sea, tendrá que pagar por ello y pagar un precio muy alto. Y si no, ya sabes, ya sabéis, olvidaros de mí. No te necesito ni os necesito. Soy mayor y sé buscarme la vida. Y caso que no pueda buscarme la vida, prefiero mil veces o un millón de veces, morirme de hambre, de necesidad, antes que pedirte ayuda. Yo soy así. Por eso me llamo David González. Por eso soy David González. Pero, ya te digo, ya os digo, a partir de ahora, seré otro David González. Seré, como tú, como vosotros, un puto pesetero. Eso es lo que ha conseguido la gente que me ha fallado, que me sigue fallando, incluso la gente a la que consideraba como amigos. No existe la amistad. Únicamente existe el dinero. ¿Cambiar el mundo? Yo creía que era posible. Pero no lo es. Lo que sí es posible es el cambio en mi percepción de la realidad. Y ese cambio, insisto, costará a quien lo quiera una considerable cantidad de pasta. A tomar por el culo.

David González
YO TAMBIÉN HE SIDO VÍCTIMA DEL SÍNDROME DE YENTl.
“Sesgo en la atención sanitaria consciente o inconsciente por el cual ante una misma sintomatología se tiende a hacer pruebas completas a un hombre y a pautar ansiolíticos y antidepresivos a una mujer”


Dulce María Arechederreta


En 1991, la cardióloga Benarnide Heally había publicado, en la prestigiosa revista New England Journal Medicine, un editorial titulado The Yentl Syndrome, en el que venía a decir que si quieres ser bien atendida por los médicos cuando vayas al hospital, disfrázate de hombre. Ella había reunido evidencias irrefutables de que a las mujeres, por el hecho de serlo, cuando llegaban al hospital con síntomas cardíacos, se les hacían menos pruebas diagnósticas que a los hombres, porque se tomaban menos en serio sus síntomas físicos y se atribuían más fácilmente a causas emocionales. En consecuencia, las mujeres se morían más que los hombres.
Cuando conocí la existencia de este artículo, comprendí que yo había sufrido sin saberlo este síndrome, es decir que, si yo hubiera sido un hombre, mi accidente y las lesiones que me provocó hubieran sido las mismas pero tal vez no hubiera necesitado cuatro años para recibir un diagnóstico y tratamiento adecuado. Mi vida de estos últimos diez años hubiera sido muy distinta.
Crónica desesperada
El 29 de noviembre 2004  tuve un accidente de tráfico. Sufrí un impacto postero-lateral izquierdo con tirón y retroceso brusco que, en pocos segundos, se produjo dos veces: primero por el golpe directo del otro vehículo y luego porque mi coche se desplazó y chocó con la mediana de la calle. El impacto fue muy fuerte debido a que el otro vehículo venía a mucha velocidad saltándose dos semáforos en rojo. Además, yo no lo vi venir por lo que no me pude proteger.
Este tipo de impacto puede hacer que se rompan los cartílagos de las articulaciones. En  mi caso, se me rompieron los cuatro, ambos hombros y caderas (labrum glenoideo de hombro y labrum glenoideo de cadera). El diagnóstico de este tipo de lesión, que se denomina SLAP, se hace mediante una Artro-Resonancia (ArtroRM) que es una técnica de imagen que permite evaluar una articulación por resonancia magnética tras la inyección intra-articular de contraste paramagnético.
Pues bien, tardé tres años en ser sometida a esta prueba para hombros y cuatro para caderas, y sólo porque yo misma me hice la primera en mi seguro privado. Siguieron una intervención tras otra y daños añadidos durante años.
Nadie veía nada / no me sentía escuchada
Tras el accidente comencé una peregrinación por médicos “que no veían nada”. Me sentí intoxicada con infinitas radiaciones, analíticas, antidepresivos, ansiolíticos, y medicación “para ver si se me pasaba”, rehabilitación que me perjudicaba y derivaciones a mil otras consultas convirtiendo así mi vida en hospitales y citas médicas. Primero se me diagnosticó de dolores inespecíficos, después de hiperlaxitud, luego de síndrome subacromial (este diagnóstico lo hizo un traumatólogo de prestigio, ello conllevó un efecto arrastre en otros) y desde el principio hubo sospechas de que mis dolores era más una cuestión psicológica que física. Yo repetía mi dolor y limitación una y otra vez, también que había sufrido un accidente de tráfico indicando el tipo de impacto, pero siempre sentí que se inclinaban por un trastorno emocional. La respuesta era pruebas y más pruebas, muchas veces perjudiciales, nunca la Artro-Rmn, más medicación y rehabilitación, y también, lo que te pasa es que estas ansiosa, tranquilízate”, derivándome así al psiquiatra.
Nadie se paró a pensar que a pesar de toda la rehabilitación no había mejoría. Nadie consideró el gran impacto del traumatismo, ni el tipo de impacto recibido lo que era fundamental para el diagnóstico. 

Las desautorizaciones constantes que iba sufriendo en cada consulta me iban provocando una extrema confusión personal. Creí que estaba perdiendo la cabeza. Pasé cuatro años rehabilitando sin parar, lo que empeoraba mis lesiones. Y podía ver la cara de incredulidad de los médicos y sus sospechas de que mi dolor tenía un origen diferente al físico.
Mi vida estaba arruinada. Me cambió el carácter. No me podía hacer mi propia comida, no podía caminar, no podía hacer las tareas domésticas, tenía problemas  para ducharme y para vestirme. Los médicos me quitaban la baja continuamente cuando yo no podía trabajar. Mis compañeros me trataban de “cuentista”. Mi vida íntima y afectiva estaba hundida, y mi economía también, me estaba gastando una fortuna en médicos privados, viajes…



Otro problema añadido fue el exceso de tiempo transcurrido desde el accidente. La falta de resultados hiciéron que todo se complicase muchísimo, no sólo a nivel físico y psicológico, también legal. 
Yo estaba en un continuo estado de ansiedad, shock y negación de mi realidad.
 Tomé decisiones desde esa perspectiva que ahora me perjudican; 
1-renuncié a la incapacidad permanente sin estar sanada.
2-renuncié a mi trabajo por una confusión interna cuando comencé a perder campo visual en 2010.

3-tiré la toalla, renuncié a todo, ya no podía más en mi relación con la compañía Mapfre. Los abogados me desanimaban, me decían que había pasado mucho tiempo, yo sentía que mis lesiones eran falsas y no debía pedir a la compañía. Un abogado no envió la interrupción de la prescripción del 2010, otro me engañó diciéndome que había enviado la interrupción cuando nunca me envió la copia que le pedí y a partir de ahí dejo de cogerme el teléfono.
Nadie se ha responsabilizado
Hasta ahora no he podido ver mi situación con perspectiva y ordenar todo lo pasado. Tampoco he tenido la fuerza emocional y mental necesaria para afrontar este escrito
A día de hoy, nadie se ha responsabilizado por los daños que se me han causado. El tiempo transcurrido y todo lo pasado han permitido a la compañía de seguros no hacerse cargo de mis lesiones. Además, las leyes tienen sus plazos, los casos prescriben. Yo cometí errores debido a mi estado mental. Todo esto ha jugado en mi contra. Me he sentido durante años en la más absoluta indefensión. Carecía de claridad mental para llevar mis asuntos legales que se habían complicado infinitamente. De ahí que aunque lo intenté, todo salió mal. Solo me quedaban fuerzas para atender a mi supervivencia diaria.
Pero guardo constancia documental de todas las actuaciones y me siento cada día más fuerte. 
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CRONOLOGÍA DEL MAL TRATO


0- Tras el accidente, acudo a la seguridad social, urgencias, en Vitoria dos veces con dolores intensos en cervicales, zona lumbar, caderas, hombros y pies. Me diagnostican latigazo cervical y hombro derecho. Después hombro izquierdo. El resto de dolores me dicen que son por el impacto y que se me pasarán. No los reflejan en el informe.
El médico de la compañía aseguradora, ante mi relato de síntomas que ahora incluye también:
-Dolor en brazos de cuello a manos, imposibilidad de coger pesos mínimos. 
-Dolor en lateral de ambas piernas que va de caderas a rodillas, en zona inguinal, al sentarme y levantarme, imposibilidad de abrir las piernas, dolor intenso en nalga derecha que me hace cojear, en ciáticos bilateral.
-Dolor y tensión en planta y talón de ambos pies (después sabré que esto se debe al desplazamiento de las caderas)-, me envía a rehabilitación. Acudo durante 6 meses sin mejoría, a pesar de lo cual su diagnóstico final es: "el dolor en hombros es un reflejo del dolor cervical, el dolor en caderas es un reflejo del dolor lumbar”.
De modo que la aseguradora sólo me reconocerá el impacto cervical y lumbar pero no el resto.
Me dan el alta (sin Artro-Rmn), el 17 de junio 2005 con limitación severa y dolor. Me recomiendan que vaya al psiquiatra.
2- Acudo a una masajista. Ella me manipula los hombros y empeora mi situación. Después sé que lo que ella hizo fue desplazar las lesiones que ya estaban con anterioridad.
3- Acudo a Osakidetza (Servicio Vasco de Salud). Consulto principalmente por hombros y me ven infinidad de doctores en múltiples citas a lo largo de más de dos años y medio (agosto 2005 a principios 2008). Diagnóstico de todos ellos: “no sé lo que tienes”,”no vemos nada”. Después me diagnosticarán de “hiperlaxa”. Yo sigo insistiendo en cada consulta que “hay algo más” pero siguen enviándome a rehabilitación y/o al psiquiatra.
4- Simultáneamente a las consultas en la sanidad pública, y ante la falta de mejoría, consulto a especialistas privados que me dicen lo mismo: “no sé lo que tienes” o dolores inespecíficos.
5- A finales del año 2007 un traumatólogo especialista de Osakidetza “ya” en hombro sospecha lesión de slap pero me disuade (es muy improbable, me dice), y no me hace la Artro-Rmn  Decido hacérmela en mi seguro privado. El resultado es concluyente: Slap positivo para hombro izquierdo.
6- Me operan el hombro izquierdo pero queda mal.
7- Mientras estoy en lista de espera para operar el hombro derecho me quedo coja al 100% de la cadera derecha. En Vitoria solicito una artro resonancia de caderas pero “no ven nada”, me derivan a Barcelona, al Instituto Universitario Dexeus. Allí me confirman lesión de labrum positivo  ambas caderas.
8- Me operan la cadera derecha  en octubre 08. Un año después sigo con mecánica invalidante. Según el especialista, se debe a la ulcera formada por el tiempo transcurrido desde el accidente. Me propone rehabilitación y calcio. Mientras tanto, el dolor me obliga a llevar muletas. Como sigo teniendo los hombros mal y la otra cadera también,  el dolor es insoportable pero nadie parece escucharme.
9- Mientras, estoy tomando el calcio: tres medicamentos fuertes a la vez,  noto al poco tiempo que aparece un pico en un dedo de mi mano, después noto más picos, más deformaciones pero “las niego”. Psicológicamente estoy anulada y solo veo la alternativa de seguir obedeciendo al médico para poder dejar las muletas lo antes posible. Él en ningún momento considera que el tratamiento pueda estar perjudicándome, aunque yo le he mostrado mis deformaciones. Cuando puedo tomar contacto con la realidad (a los 6 meses), lo dejo. Le pido una analítica y consulto por mi cuenta a un reumatólogo: me diagnostica artrosis generalizada. El daño ya está hecho.
10- En octubre 2009, el mismo médico me opera la misma cadera. Estoy tan anulada y dependiente  que me cuesta creer que se repiten los fuertes dolores posteriores. Cuando se lo comunico, veo su cara de incredulidad y sus sospechas hacia mi estado psicológico. Sabré más tarde, en una tercera intervención con otro profesional, que también en esta ocasión hay adherencias, pero él en ningún momento se lo plantea.


11- Mientras tanto, los efectos adversos de tanta medicación  el stress continuado durante años y por último los antidepresivos y ansiolíticos me han provocado una subida de presión ocular y glaucoma que se hace severa en octubre de 2009, tras la segunda operación en la cadera derecha. Sin embargo, no acudo a consulta hasta enero de 2010, cuando noto un fallo en mi campo visual, porque psicológicamente estoy bloqueada, no puedo admitir otro problema más
12- Comienzo una peregrinación desesperada por oftalmólogos. 

El miedo me supera porque mi campo visual disminuye día a día. Nadie me cree, una vez más. Me envían directamente al psiquiatra.
Para abreviar diré que después de muchas consultas supe que lo que estaba pasando era que tenía hemorragias  internas por exceso de presión, de ahí la pérdida rápida. Esto derivó  en  daño en nervios ópticos  Me pautan gotas hipotensoras que me causan muchos problemas por lo que me realizan diferentes técnicas para intentar bajar la presión.


Finalmente me intervienen el ojo izquierdo en septiembre 2011 que me deja una secuela importante.
13- Encuentro un traumatólogo que me re-intervendrá cadera derecha y hombro izquierdo y me intervendrá por primera vez cadera izquierda, hombro derecho. Esto  a lo largo de tres años.
14- Consecuencias de todo lo pasado:
-Las severas secuelas debido al retraso en el tiempo han hecho que necesite más intervenciones en el futuro.
-Todo este proceso derivó en una ceguera parcial central bilateral. Añadido a esto, la intervención quirúrgica en mi ojo izquierdo me causó  una gran ampolla que me hace ver borroso, doble y desenfocado.
-Padezco deformaciones en todo mi cuerpo por artrosis

-Tengo una incapacitación para llevar una vida normal, con actividad física. Esto ha derivado en una ostoporosis con riesgo alto de fractura.
-Tengo múltiples cicatrices.
-La ansiedad y miedo por todo lo pasado y todo lo que debo llevar en mi día a día ha llegado a un extremo tan severo que me ha causado un trastorno de personalidad: “trastorno de despersonalización y desrealización, que me hace negar mi realidad.
-Más de diez años de mi vida han sido destruidos y el resto  condicionados y nadie se ha responsabilizado por mis daños.

Mi voz ha de ser escuchada. Mis daños reparados. Mi condición de “mujer-víctima del síndrome de Yentl” reconocida. A partir de entonces empezaré a recuperarme realmente, tanto física como psíquicamente.


Este escrito es un primer paso para ello
EL ESTUDIO DE LAS "CARTAS AFECTUOSAS": ALGO TAN SENCILLO Y QUE SIN EMBARGO PUEDE SALVAR TANTAS VIDAS...

"En este sentido, sobre este último factor de riesgo, Joiner, durante una entrevista con Eduard Punset, emitida en el programa Redes de la TV española, el 5 de octubre del 2009, enfatiza en una investigación que apunta a la necesidad del contacto humano, al hecho de que nos necesitemos unos a otros, como elemento de prevención. De acuerdo a Joiner, “…uno de los mejores estudios y lamentablemente uno de los escasos estudios en la materia que muestra los efectos de todo esto para los suicidas, fue el llamado estudio de las cartas afectuosas. En pocas palabra lo que se hizo fue distribuir a los pacientes en dos grupos, uno de control y el otro un grupo que estuvo recibiendo, de vez en cuando, en su buzón de correo electrónico cartas en donde se les preguntaba por su estado de salud y de ánimo. Lo único que decía la carta era “pensamos en ti, esperamos que estés bien, estamos aquí si nos necesitas” firmado doctor Bargh. Esta fue la única diferencia entre los dos grupos. Sin embargo, en términos de índices de suicidios, los que recibieron la carta registraron un índice de suicidios muy inferior a los de grupo de control. Así que, ante un hecho tan generalizado y doloroso como el suicidio, una estrategia tan sencilla como una carta afectuosa, interesándose por ellos, fue suficiente para que las cosas fueran distintas para unos y otros. Se trata de una evidencia sobre cómo una acción modesta de sentido común no muy complicada científicamente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte”.

http://www.psiquiatria.com/revistas/index.php/psiquiatriacom/article/viewFile/1214/1124/



6.3 La obligación de efectuar liquidaciones e informar sobre la marcha de la explotación.

Sin duda el punto que genera más críticas por parte de los autores a los editores es el que se refiere a la falta por parte de estos últimos de informar debidamente sobre la marcha de la explotación de la obra así como de efectuar los repartos de royalties en tiempo y forma. El editor tiene la obligación legal de especificar en el contrato de edición cual va a ser su forma de remuneración al autor y, además, está obligado, en el caso de que esta sea proporcional, a satisfacer al autor la remuneración estipulada en el contrato al menos una vez al año, acompañando la oportuna liquidación. Además, según señala el artículo 64.5º de la LPI, deberá poner anualmente a disposición de autor un certificado en el que se determinen los datos relativos a la fabricación, distribución y existencias de ejemplares. A estos efectos, si el autor lo solicita, el editor le presentará los correspondientes justificantes. 
Es decir que no nos encontramos ante una mera “obligación de pagar” sin más, sino que esta obligación principal ha de ser acompañada de una serie de informaciones al autor para que sepa exactamente cual es el resultado de la explotación de la obra. Una liquidación correcta debería ofrecer, como mínimo, la siguiente información: - Identificación del autor y del editor. - Período de liquidación (normalmente coincidente con el año natural). - Ejemplares impresos y remitidos al editor por los talleres de impresión. - Ventas producidas. - Ejemplares de obsequio, deteriorados o ediciones obsoletas. 

CUESTIONES RELATIVAS A LOS AUTORES Y LA CESIÓN DE SUS DERECHOS DE PROPIEDAD INTELECTUAL 

30/© Pascual Barberán Molina 

- Resultados pendientes de liquidaciones anteriores. - Cantidad bruta a pagar. - Importes retenidos por impuestos. - Neto a pagar. El hecho de que una liquidación salga a devolver no exime al editor de mandar la liquidación. En algunos contratos los editores incluyen una cláusula por la que limitan su obligación de rendir cuentas al autor de una manera exhaustiva, y únicamente se obligan a poner sus datos “a disposición del autor”. Aunque normalmente se trata de una cláusula que se ha copiado de algún formulario de contrato mal redactado lo cierto es que poner a disposición del autor no significa dejar que este, si lo desea, vea estos datos, sino que necesariamente se ha de entregar al autor la información específica. Otra cosa es que si el autor lo desea pueda acceder a los justificantes contables de las ventas de los libros que, como es lógico, el editor no tiene la obligación de entregar al autor. En la actualidad cuando se trata de la explotación electrónica de los libros, a veces se incluye un apartado en el contrato por el que el editor únicamente ha de pagar al autor si a su vez a él le ha liquidado y pagado el distribuidor digital. Se trata de una cláusula que no debería ponerse en un contrato de edición pues se deriva de aquella que se firma entre los editores y las plataformas de gestión de contenidos digitales por la que si el consumidor final no ha pagado a la plataforma esta no paga al editor hasta que cobre. Lo que sucede es que los pagos entre estas plataformas y los editores no son anuales, sino en muchos casos trimestrales o incluso mensuales, y aquí sí que se puede dar tal circunstancia, pero no olvidemos que en el contrato de edición el editor hace una liquidación en los tres primeros meses del año referida a los datos del 31 de diciembre del año anterior. De todos modos no se trataría de una cláusula ilegal, por lo que si el autor la firma tendría que asumir las consecuencias. Otra posibilidad que se suele dar es aquella por la que el editor, en el caso de que el importe a pagar sea menor a una cantidad, se exime del pago, acumulando este importe a la siguiente liquidación. No significa que no se tengan que hacer liquidaciones, sino simplemente que el pago se pasa a la siguiente o siguientes liquidaciones hasta llegar a esa cuantía mínima fijada. Normalmente estamos hablando de cifras pequeñas, como por ejemplo 30 euros. Lo que sucede es que esta cuestión no suele recogerse en los contratos de edición, por lo que a menos que hubiese un pacto posterior entre el autor y el editor este se vería obligado a efectuar los pagos correspondientes aunque se tratase de cantidades pequeñas. Una cuestión conflictiva y generadora de muchas dudas referente al pago de las liquidaciones consiste en la redacción que se suele incluir en muchos contratos por la que el autor deberá mandar una factura al editor, con carácter previo al pago. Este requisito únicamente sería aplicable a aquellos casos en los que el autor sea beneficiario de los derechos de autor por causa de herencia o esté constituido en una sociedad mercantil o ejerza como autónomo (Se entiende que la actividad de autónomo sea la de escritor). Sin embargo el caso más común es el de un autor cuya actividad como escritor no sea la principal fuente de ingresos sino que se gana la vida con otras actividades o trabajos. En estos casos la editorial únicamente necesita la devolución del documento de liquidación con el conforme del autor (firmada en papel o por medios electrónicos) sin necesidad de factura, pues recordemos que solo puede facturar quien ejercita una actividad económica o profesional. ¿Cuáles son las consecuencias del incumplimiento de estas obligaciones por parte del editor? Pues la Ley lo dice muy claramente: El autor podrá resolver el contrato de edición y además reclamar las cantidades debidas, aunque no se trata de una resolución automática, sino que tiene que ir precedida de un requerimiento al editor para que cumpla con sus obligaciones. Aunque la Ley no señala el plazo para cumplir con las mismas, se entiende que si el editor recibe un requerimiento formal después de haber incumplido durante bastante tiempo sus obligaciones o existir un retraso considerable en las mismas, el plazo del requerimiento del autor al editor 
CUESTIONES RELATIVAS A LOS AUTORES Y LA CESIÓN DE SUS DERECHOS DE PROPIEDAD INTELECTUAL 
© Pascual Barberán Molina /31 
para que cumpla puede ser muy corto, por ejemplo una semana, y si continúa con el incumplimiento, el autor ya puede dar por resuelto el contrato. Aunque el mero incumplimiento es causa a afectos de la resolución del contrato y la recuperación de los derechos de propiedad intelectual, cabe la posibilidad de que el editor niegue el incumplimiento, en cuyo caso habría que acudir a los tribunales para que un Juez avalara esa resolución, a menos que se llegue a un pacto entre las partes. Por lo que se refiere a la información sobre la marcha de la explotación, la realidad es que las editoriales en muy pocas ocasiones informan al autor al respecto, y esta obligación se entiende generalmente subsumida por la de efectuar las liquidaciones correspondientes, pues como hemos visto en estas se informa, aunque sea desde un punto de vista únicamente numérico, de cómo va la explotación de la obra. Sin embargo entiendo que la información a que se refiere la Ley va más allá, y obliga al editor a comunicar al autor cuales son las acciones de promoción y comercialización de la obra en general, si se va a hacer una nueva edición, si se va a usar algún modo de explotación distinto, etc. Desde luego cada editorial es un mundo y en algunos casos los editores tendrán una relación muy cercana al autor, pero por las encuestas recibidas y la opinión de los autores, en general echan de menos ese contacto con el editor de un modo personal. Al no salir específicamente recogida esta obligación en los artículos de la Ley de Propiedad Intelectual no será causa de resolución a menos que se haya pactado expresamente en el contrato y el editor cumpla estrictamente con sus obligaciones de información que hemos señalado con anterioridad. 

http://acta.es/index.php/recursos/informes/article/2

"Las personas honradas se confundirán con los ambiciosos, que sólo piensan en dominar y en despreciar a la multitud de la cual han surgido. Llegando todos con ideas diametralmente opuestas, se verán obligados a formar alianzas ficticias para constituir mayorías que no durarán ni un día; disputarán, se tratarán unos a otros de reaccionarios, de autoritarios, de bribones; incapaces de entenderse acerca de ninguna medida seria, perderán el tiempo en discutir necedades; no lograrán más que dar a la luz proclamas altisonantes, todo se tomará seriamente, pero la verdadera fuerza del movimiento estará en la calle.

Todo esto puede divertir a los que gustan del teatro. Pero no se trata aún de la revolución. ¡Nada ha sido hecho aún!
Durante este tiempo el pueblo sufre"


"Con esa abnegación heroica que siempre lo ha caracterizado, y que llega a lo sublime en las grandes épocas, el pueblo tiene paciencia. Él es quien exclamaba en 1848: 'Ponemos tres meses de miseria al servicio de la República', mientras que los 'representantes' y los señores del nuevo gobierno, hasta el último policía, cobraban con regularidad sus sueldos. El pueblo sufre. Con su ingenua confianza, con la candidez de la masa que cree en los que la conducen, espera que se ocupen de él allá arriba, en la Cámara, en la Municipalidad, en el Comité de Salud Pública.
Pero allá arriba se piensa en toda clase de cosas, excepto en los sufrimientos de la multitud"



Piotr Kropotkin
La conquista del pan

LA IRONÍA, EL GATO, LA LIEBRE Y EL PERRO
Constantino Bértolo
           
            La ironía es forma de decir lo que no se puede decir. Dice lo que no se dice. Dice otra cosa de lo que dice. Y este carácter paradójico hace de la ironía una figura especialmente atractiva para estos tiempos en los que el derecho a decir se ha vuelto sospechoso. Ese decir y no decir permite estar en dos sitios y en ninguno, cazar dos pájaros de un tiro, ser luz y sombra en el mismo espejo, boca y eco, repicar las campanas y estar en misa al mismo tiempo, contemplar con satisfacción tu propio entierro. Para entendernos: su atracción reside en que es un lujo y como tal reviste de prestigio a quien lo usa. Lujo intelectual: finura de espíritu, sabiduría escéptica, comprensión tolerante, humilde cinismo, modesta soberbia. La lúcida actitud de quien ya sabe que todas las batallas son la misma y que la derrota o la victoria son las dos caras (irónicas) de un mismo absurdo. Lo dicho: casi un tropo perfecto para una literatura que ha hecho de la seducción su estrategia predilecta. No es extraño por tanto que el escritor se sienta atraído por esta dulce Circe que le permite instalarse en el poder de aquel que puede decir y dice y en la cómoda irresponsabilidad del que nada dice. Musa irresistible para el escritor de nuestro tiempo: el que no quiere equivocarse. Quiere participar en el decir pero sin decir nada exactamente y ve en la ironía la elegante evasiva que resuelve el problema que plantea tal cuadratura del círculo. Su miedo a decir (algo) se asienta en su presunta lucidez histórica: decir produce catástrofes. Su necesidad de decir, de estar entre los que dicen, tiene orígenes más inmediatos: sabe que el que no dice no existe, no "cuenta". Al decir participa del poder. Al decir lo que no se puede decir (la ironía) participa del no poder: de lo oprimido. Vive y disfruta de esas dos legitimidades. Y en cada ocasión oportuna acudirá a cada una de ellas. Según su conveniencia. Sirve a dos amos y por eso se siente como quien no padece a ninguno. Libre en lugar de doblemente esclavo. Libre y al servicio de la única verdad posible: la irónica y de ella, la que dice y no dice, sí se quiere deudo. Servidor de ella se reclama. Sólo a su voz - que se oye y no se oye al mismo tiempo - obedece. Nada hay por tanto de raro en que con tantas ventajas la ironía se haya constituido en el recurso más prestigioso de nuestro tiempo literario. Tiempo en que el hablar claro parece estar condenado a volverse palabra autoritaria, dogmática, totalitaria: anatema. Tiempo en el que el escritor rehúsa ser árbitro, juez o testigo y teme que el decir le comprometa. La ironía goza social, cultural y literariamente de máximo aprecio y ha devenido condición y mandamiento intelectual insoslayable: toda existencia inteligente debe ser irónica, llegándose por este camino a una afirmación implícita que la sacraliza: ironía e inteligencia serían una misma cosa. ¿Pero es la ironía realmente lo que los escritores irónicos afirman que es: un mero decir que dice otra cosa que no puede ser dicha?
No, o mejor, digamos (para no ser etiquetados y silenciados bajo el rótulo de dogmáticos) no exactamente. Caben, al menos, otras lecturas del concepto más justas y adecuadas. Lo que define el ser de la ironía no es tanto su función retórica, su efecto, sino la situación que la provoca. La ironía es, en origen, el hablar del débil delante del fuerte. Y no es un hablar para ese fuerte que aparentemente es el destinatario de lo que se enuncia sino un hablar para los otros débiles que están también presentes y han de estarlo necesariamente pues sólo ellos pueden entender lo que la ironía permite. En la situación de ironía el fuerte oye pero no entiende y ese debilitamiento es lo que la ironía pretende. No es ni siquiera un recurso que el débil use para hablar al fuerte sino un código encriptado utilizado por los débiles en una situación marcada por la presencia siempre vigilante del poder. Ese es el terreno constituyente de la ironía: la situación de desigualdad. La ironía en ese contexto jerárquico es el medio que tiene cualquier hablante de ir en contra de la ley o la norma sin tener que asumir las represalias que conllevaría una incitación al combate. Sin embargo en la mayoría de los textos actuales el recurso a la ironía nada tiene que ver con la desigualdad ni con la voluntad de debilitar la posición del poder y sus discursos. Su función hoy responde más a una estrategia exhibicionista – de ahí el auge de la autoironía- que a la construcción de una obligada clandestinidad semántica. La ironía entre iguales no es ironía sino complicidad, guiño de identidades, muestra de pertenencia, ornato gratuito que a nadie pone en peligro, que nada oculta porque gusta precisamente de mostrarse como inteligencia compartida y que, encantada de haberse conocido, no hace otra cosa que mirarse en el confortable espejo de un escepticismo inmóvil. Con nombre de la ironía lo que hoy nos venden es gato por liebre. A veces en lugar de gato nos dan perro: sarcasmo. Cuando la ironía ladra la llaman sarcasmo que es procedimiento retórico que parte también de una situación de desigualdad. El sarcasmo es el recurso de un fuerte contra el débil y está encaminado a provocar el aplauso y el reconocimiento de los otros fuertes que participan en la escena. Fuertes contra débil. Un punto de partida propicio para la producción de burla y crueldad, y las produce. Burla y crueldad dirigidas hacia alguien que ostenta una posición más débil son formas de dominio. Dominio en crudo en el caso de la crueldad. Asistir a un acto lingüístico o real de este tipo tiene más entusiastas de lo que el buen humanismo presupone. Para confirmarlo baste con recurrir al gozo que despertaban los gladiadores en el circo romano o al gesto desquiciado de los espectadores que rodean el ring durante un combate. La crueldad es una forma de catarsis aristocrática, funciona de arriba abajo, conlleva el recurso al prestigio de la fuerza bruta que acaso se asienta en nuestro cerebro de reptiles. Como versión retórica de la crueldad gratuita el sarcasmo es también un recurso que crea reconocimiento y recuento entre los que detentan poder y por eso es uso que gustan extremar los que se sienten inseguros de tal pertinencia. El sarcasmo deviene entonces más que muestra de dominio, gesto servil y disfraz del miedo, atemorizada impotencia, jactancia vana.
Se viene considerando, y creo que con razón, al escritor David Foster Wallace como un referente de primer orden a la hora de construir una literatura capaz de dar cuenta de las transformaciones sociales y culturales que sacuden el imaginario colectivo e individual de la posmodernidad global en que vivimos. En sus obras, la ironía, la autoironía y el sarcasmo se cruzan y entrecruzan con suma habilidad y eficacia narrativa si bien él mismo es consciente de las limitaciones que tal actitud estética acarrea y señala que si la ironía en un primer momento contribuye a denunciar, una vez que ya se conoce lo denunciado, deja de ser liberadora y pasa a ser esclavizadora: «la canción del prisionero que ha aprendido a amar su cueva».


Para la crítica dominante sin embargo la presencia de lo irónico sigue siendo muestra suficiente de alta solvencia literaria. ¿Será que los críticos temen ser desalojados del reino de los fuertes?