QUÉ ES SER POETA?

Pregunta metafísica por parte de esta cada vez más escéptica mujer y propia de esas noches entre copas con amigos no vinculados al “noble” arte del lirismo. Según lo expuesto en el diccionario de la Real Academia española, un poeta es:“Persona que compone obras poéticas y está dotada de las facultades necesarias para componerlas”. Concepto teórico casi correcto, porque todos conocemos la cruda realidad: todos pueden escribir poesía.Ahora todos pueden ser poetas. Con la ingente cantidad de medios que existen para dar a conocer los versos propios (páginas Web, blogs, autopublicación, coedición; no entraré en el tema de la vía tradicional de publicación por la dificultad de su acceso para el resto de los mortales), está al alcance de cualquier romántico que pretenda ser poeta, y digo pretender, porque cualquiera no puede serlo. Hace falta una actitud esencial: sensibilidad. Preciosa palabra presente en los poemas, ausente en los que se colocan automáticamente la etiqueta de poetas. Paradójico, ¿verdad? Porque en nuestra sociedad consumista y mercantilista, la poesía se ha visto despojada de su sentido: es una moda, una manera de colocarse en el mundo como si se fuese alguien especial cuando, en realidad, un poeta dejó de ser alguien especial hace mucho, mucho tiempo; de ahí, miradas de soslayo por parte de la gente, incluso despectivas. Los poetas son despreciados o ninguneados: no sirven para nada. Ni siquiera la excusa sirve para ligar con el mismo \ opuesto sexo (impresiona más que el chaval o la chavala te diga “soy funcionario”, sinónimo de “tengo taco”; sí, la podrida erótica actual del dinero). Y eso lo sabe la propia élite poetil: por eso hay que adaptarse para sobrevivir en esta jungla humana de políticos nefastos, desplomes de bolsa, miles de jóvenes en paro y hombres y mujeres presumidos con preocupante complejo peterpanesco. Hay que entregar una nueva función al poeta, lejos de ser portavoz independiente de las carencias del planeta. ¿Cuál? Pues el de “empleado” (preferiblemente de carácter público) que mantenga o controle un sistema cultural oficialista determinado. La legitimación, por tanto, se asigna a los que tienen méritos: pertenencia a determinados grupos artísticos \ poéticos, libros publicados en editoriales de renombre, obtención de premios literarios, etc. Por desgracia, el poeta es una persona más, otra ovejita que se deja llevar por lo que le dicta el pastor \ maestro espiritual \ profesor académico \ falso profeta \ jefe mayor \ artista con influencias. Es un ser humano normal y corriente como los ciudadanos de a pie, con aspiraciones concretas: vivir de la poesía. ¿Vivir de la poesía? Claro: a costa de lo que sea. No se alejan de esa vergonzosa mentalidad de obtener lo máximo con el mínimo esfuerzo: quejarse con lloriqueos sin mover ni un puto dedo; arrimarse, agacharse, obedecer y si se puede dar la puñalada trapera, se da, y posteriormente se funda un propio castillo fortificado de amigos \ lacayos defensores; pisotear, alcanzar puestos de relevancia mediante la milenaria y eficaz técnica del trepping (trepar, trepar y trepar hasta llegar a la cima), para incorporarse en “seguros” esquemas jerárquicos similares a los de la mafia. Oh, sí: los poetas son traidores cuando se dejan devorar por la ambición. Aquí la “sensibilidad” del poeta se extingue y se transforma en ansias de poder. Sí, señores: la cosa está chunga, muy chunga, y sólo el más espabilado – o canalla que juega sucio – sobrevive: el todo-vale por alcanzar la meta. No hay competencia limpia. Y muchos líricos no agachan el lomo ni agarran el pico o la pala: prefieren apuntar alto sin mancharse las manos porque se consideran demasiado buenos para un curro simplón, porque están convencidos de que son intelectualmente superiores y que no aceptan otra cosa que no sea su especialidad. Sí: muchos poetas son unos señoritos que se mofan del otro escritor que pone copas en un bar o del otro pobrecito compañero que carga ladrillos en la obra. Patéticos los poetas que presumen de saber lo que es la poesía cuando jamás se han preocupado por sufrir la realidad. ¿Qué diferencia hay con el resto de la humanidad? Ninguna. ¿Acaso en otros ámbitos del mundo real no ocurre lo mismo? ¿Por qué me cabreo si ya sabemos como funciona todo? Precisamente porque el poeta ha de ser testigo de las desgracias, el mensajero que comunique que existen miserias y que, a diferencia de las personas superficiales, padece también cuando le hacen daño: EL POETA HABLA DE TODA LA MIERDA QUE NOS LLEGA AL CUELLO. El poeta debería ser el único ser humano CAPAZ DE METERSE EN LA PIEL DEL OTRO.Pero no. Muchos poetas proclaman a los cuatro vientos que son auténticos liberadores cuando no es así: están mas preocupados en escribir, en lucirse, en promocionarse, que en sentir empatía por el ajeno. Por eso mi decepción. ¿Por qué el poeta escribe con falsa modestia? “Soy un elegido, pero me preocupan los desfavorecidos y lloro cuando hay una injusticia”. Sí, claro, y yo me lo trago: te “escogió” el sistema (mejor dicho, te integraste), te apenan los desempleados y los hipotecados pero recibes dinero público gracias a una mención concedida por el “beneplácito” de un jurado de “conocidos” (¡qué bonita e indecente es la amistad entre poetas!) y sollozas de pura penita cuando un crítico “serio” te pone a caldo (posiblemente, un no conocido, un enemigo, o un enemigo de un amigo). ¿Esto es ser poeta? Vamos a dejar de engañarnos: ser poeta es ser de todo, menos poeta. ¿Y dónde están los verdaderos? Ocultos, no por timidez o el miedo a ser contaminados (porque la honestidad se paga con el ostracismo absoluto y tienen dos dedos de frente) y ofreciendo, como pueden, desde su posición, aportaciones humildes.

En lo personal, me definen mejor unas palabras de Jaime Sabines: “soy un peatón”. Camino por la vida, a mi manera, porque la única ambición que tengo es tener un trabajo digno para poder hacer en el futuro lo que me plazca (eso, y un plan de pensiones privado porque lo de cotizar a largo plazo lo veo inalcanzable).

Mientras tanto, los “poetas” defienden su poesía, que no la poesía. Ésta sigue agonizando en un rincón oscuro. Y los milagros no existen.Descorazonador. Pero cierto.

Ana Patricia Moya


Comienza la producción del documental “A la güeta” en el occidente asturiano.

  • La realizadora Melania Fraga comienza la producción del documental que protagoniza la escritora Ana Vega. Está semana se realizarán las localizaciones y el primer fin de semana de septiembre se grabará en el concejo de El Franco y Tapia.
  • El documental muestra la deriva de la escritora asturiana Ana Vega, por encontrar sus orígenes a través de la lengua, la historia de sus ancestros y cómo está influye en los creadores actuales .

Ana Vega regresa a El Franco y Tapia (occidente asturiano) para mostrarnos en un recorrido intimista el impulso que la lleva a escribir sobre su familiares, sobre el mundo rural, el acercamiento a la lengua asturiana… ella explica “Difícilmente puedo comprender quién fui, soy y seré más tarde, sin prestar cierta atención a la parte de mi ser o vida o tiempo que he vivido en otra especie de mundo, realidad o microcosmos. Mis raíces se encuentran, parten y se enredan en el occidente asturiano…”

Con la disculpa de descubrir la figura de su tatarabuelo “mediaoreya” un músico ambulante de principios de siglo XX, recorremos las calles casi solitarias de una tierra que parece detenerse en el tiempo pero que a la vez esconde un gran potencial de personas creativas de la zona.

El documental será grabado en gallego-asturiano (fala) y subtitulado al castellano e inglés.

El documental se financiará con una ayuda de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias y de las aportaciones conseguidas mediante el micro mecenazgo en la web:

http://www.lanzanos.com/proyectos/la-gueta/


Melania Fraga

http://www.melaniafraga.com/




http://asturgalicia.net/2011/08/23/la-escritora-ana-vega-vuelve-a-sus-origenes-en-el-occidente-asturiano-con-el-documental-a-la-gueta/



COMO PARTICIPAR EN EL PROYECTO:




http://www.lanzanos.com/proyectos/la-gueta/





Mediaoreya ou Mediaoureya -que dos xeitos lo sintimos y lo llimos- é el nome del gaiteiro popular por escelencia na marina estremoccidental asturiana, sobre todo nos conceyos del Franco y Tapia. El alcuño víaye de qu'a sou bisabolo cuméraye un cacho da oreya un cocho, accidente que nun era raro daquella: estos animales andaban ceibes por ei buscando qué cumer y nos sempre se podían velar ben os neníos nel berzo.

Eugenio García, Mediaoreya, pinta que fora nacido na Braña (El Franco), anque entre a xente dizse qu'era buruego, qu'é co mo yes chamaban na marina a os que vían d'hacia enriba, dos Ozcos. El caso é qu'allí vivíu y allí morrería camín del ano 1915. Era violinista y gaiteiro, anque na prensa sólo encontramos referencias a él como instrumentista de gaita. Del sou violín cuntan qu'era nada menos qu'un Stradivarius y einda se conserva en Ca el Obra, na Veigadouria (Boal), porque fora comprao á súa familia desque morrera Eugenio. Nun sabemos se este era el primeiro violín que tuvera Mediaoreya ou cóntas veces houbera qu'amañallo. Y é que se cunta del noso violinista qu'úa noite d'inverno, nos meses que cuase nun había unde ganar el pan tocando, condo as entresecas y dificultades domésticas parecían máis a miudo, el alcalde de barrio da Braña, Bernardo d'Ama, tuvera qu'impoñer paz na casa del músico máis de dúas y de tres veces, chegando a ter qu'amarrar a Mediaoreya con un reyo. El gaiteiro y violinista, que yas tía guardadas al munícipe, obsequióulo en con to puido con úas coplas na festa das Candelas. A resposta del autoridá foi chantarye el violín na cabeza.

¡Xa chegan os quirotelvos!

Xosé Miguel Suárez Fernández
DAVID GONZALEZ
AUN QUEDAN VALIENTES, AUN QUEDA RESPETO POR LA PALABRA.
POCOS LIBROS NECESARIOS, MENOS IMPRESCINDIBLES, HE AQUÍ UNO DE ELLOS.


SI CREES QUE PUEDES AGARRARME, PIENSA OTRA VEZ:
MI HISTORIA FLUYE EN MÁS DE UNA DIRECCIÓN
UN DELTA QUE SURGE DEL CAUCE
CON SUS CINCO DEDOS EXTENDIDOS.



Adrienne Rich
Poemas 1963-2002
Trad. Marisol Sánchez Gómez
Ed. Renacimiento, Sevilla 2002

ANA Y EL CAOS


Aconsejo a todos los amantes fieles (y los no tan fieles) de Julio Medem acudan en masa a ver su última película: Caótica Ana. Desde que éste comenzó a hablar de ella, hace unos cuatro años, yo me sentí atrapada ya por el embrujo de un proyecto tan ambicioso y complejo. Ana, la protagonista de otro de sus trabajos “Los amantes del círculo Polar” había dejado en él y en los espectadores una especie de “orfandad” cuyo antídoto, estaba claro, sería recuperar parte de su alma en otro lugar, quizá, en otro personaje. El círculo se abre. Su hermana, Ana, fallece en un accidente de tráfico. El círculo continúa: nace su hija Ana. El círculo se abre y se cierra en “Lucía y el sexo”. Y ahora el círculo se cierra con la protagonista definitiva, la mujer que lleva dentro a todas las mujeres del mundo: Caótica Ana. En un momento determinado de la película alguien le dice a Ana: “llevas un abismo dentro”. El espectador amante de Medem sabe que eso es una realidad casi tangible, que manejamos cada día con menor o mayor acierto pero cuya presencia es innegable. Aquí encontramos al Medem chamán, al que hipnotiza, al seductor, al analítico, al psiquiatra, y a la ingenuidad intacta que sólo Medem puede llevar a la pantalla en un rostro, la joven que comienza a descubrir cómo es el mundo realmente por dentro y por fuera. Pero Julio Medem, rinde aquí homenaje a todas las mujeres del mundo. Curiosamente encaja de un modo perfecto, casi antropológico, con el fascinante libro escrito por Clarissa Pinkola Estés: Mujeres que corren con los lobos. En su prefacio leemos: “Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas”. Evidentemente lo políticamente correcto y deseable para aquellos que tienen el poder en sus manos, sería ponernos a cuatro patas pero en otro sentido: doblegarnos. Somos seres cuyo instinto intentan extirpar de todos modos, y esa es la única herramienta fiable que poseemos para seguir nuestro camino. Ése es, sin duda, nuestro faro. Como leemos en este hermoso libro “tampoco es casual que los lobos y los coyotes, los osos y las mujeres inconformistas tengan una fama parecida. Todos ellos comparten unos arquetipos instintivos semejantes y, como tales, se los considera erróneamente poco gratos, total y congénitamente peligrosos y voraces”. Nuestra intuición y nuestro instinto es nuestro carnet de identidad real, el que nos asignó la naturaleza, no el pequeño y ridículo papel que alguien decide darnos como clave de acceso al supuesto mundo civilizado. Y debemos defender nuestra identidad puesto que como bien explica la autora “la depredación que ejercen sobre los lobos y las mujeres aquellos que no los comprenden es sorprendentemente similar”. Y todo ello nos hace volver a Medem, a esa Ana “caótica”, cuyo caos proviene de todas aquellas mujeres cuyas voces intentaron ser silenciadas y cuyo espíritu renace cada día en forma de una nueva mujer dispuesta a defender su lugar en la tierra, que se mantendrá viva y en pie mientras no se olvide de su instinto. Cuando permitimos que alguien nos silencie, nos arrodille frente a él, eso significa que nos hemos abandonado a nosotros mismos. Medem nos deja un sabor dulce de esperanza en la boca, frente al poder totalitario, frente a la mano que empuña el arma, frente a la injusticia, una frase nos hace comprender, ser conscientes de nuestra capacidad ilimitada de acción. Ana abre sus enormes ojos azules y en todos los idiomas del mundo grita: “Porque nosotras engendraremos legiones de hombres buenos”. Por los siglos de los siglos…


ANA VEGA







PEZ ESCORPIÓN



Leo ensimismada dos reportajes sobre temáticas muy diferentes y que nada tienen que ver el uno con el otro. Sin embargo, encuentro un extraño vínculo entre ellos. Me pregunto si esto es cosa mía o la revista en cuestión ha elegido publicarlos en un mismo número por si alguien cazaba esa especie de “guiño”. Imaginaciones, tal vez… Por un lado leo y releo la entrevista realizada a Tomás Castillo Arenal con motivo de la reciente publicación de su libro “Déjame intentarlo”, donde profundiza en la problemática de las personas con algún tipo de discapacidad. Por otro lado, observo deslumbrada un impactante reportaje fotográfico sobre extrañas criaturas marinas –fotografías pertenecientes al libro “Fish Face” de David Doubilet, editado por Phaidon- donde descubrimos la extraña belleza de un pez rata, un pez escorpión, una escalofriante Barracuda (¿señor o señora Barracuda?) o un pez murciélago. Encuentro un extraño nexo de unión entre la fotografía submarina y lo que la sociedad ha decidido alejar y convertir en una especie de “sociedad submarina”, especie de peces abisales, digamos. Curiosamente estos extraños peces viven en perfecta sintonía con su hábitat, son respetados y temidos, incluso, por su diferencia. Nosotros disfrutamos con gusto de su rareza, pero no ocurre lo mismo cuando se trata de nuestros congéneres. Para simplificar: si todos compartimos pecera (algo tan obvio como eso) me pregunto por qué los humanos en particular (algunos más en particular que otros todo hay que decirlo) nos empeñamos en ver en la diferencia algo malo, poco conveniente a nuestro alrededor. Por supuesto se teme todo aquello que se desconoce, y por supuesto, también, se aleja todo aquello que nos asusta. Pero la primera razón que se me ocurre para esto es la escasa sabiduría de la que podemos presumir. Y me baso en algo muy simple, en cuanto a discapacidad se refiere en este caso: todos somos susceptibles de sufrir mil y un accidentes, enfermedades, y todos somos discapacitados desde el momento en que nacemos y estamos condenados por tanto a envejecer, es decir, a perder vista, oído, olfato si me apuras, a padecer dificultades para caminar y a todos los achaques propios de la edad avanzada. Claro que los ancianos, en general, están mejor vistos que los discapacitados, el abuelo/a se utiliza en estos tiempos de forma abusiva, para la cría y mantenimiento de nietos y todo tipo de utilidades. Me quedo con alguna de las frases de Tomás Castillo: “El gran drama de las personas con discapacidad es que nadie espera nada de ellas”. Esto debería provocar cierta reflexión en nuestra conducta diaria, puesto que sabemos muy bien lo fácil que es, realmente, convencer a alguien de su inutilidad, de su condición de objeto y no de ser humano (una de las herramientas clave de todo buen torturador que se precie, maltratador y demás). Y una última frase, que una persona discapacitada le dijo a Tomás Castillo en cierta ocasión, y que él nos recuerda en esta entrevista: “¿Eres capaz de verme a mí en vez de a la silla de ruedas?”. Reflexionemos un momento y guardemos esta pregunta en nuestra memoria, recordémosla llegado el caso. Así lo explica el autor: “lo que solemos hacer: catalogar a las personas, clasificarlas y así limitarlas”. El pez escorpión nada tranquilamente sin ser consciente de su diferencia, claro que en el océano nadie ha colocado instrumentos semejantes a los que el ser humano si ha decidido interponer entre él y los demás, y fijar con firmeza: barreras.


Ana Vega

MIEDO

Todos nos volvemos pequeños frente al miedo, apenas un punto en el caos del universo. El miedo acecha en casa esquina, bajo la piel, incluso; te atrapa cuando menos te lo esperas. Aquello que ni tan siquiera puedes nombrar, el puro escalofrío. Nadie que haya conocido el miedo tiene la misma mirada. El miedo deja marcas, cicatrices, heridas abiertas. El miedo permanece en el tiempo, en el cuerpo, solo se adormece en momentos de calma. Es necesario saber utilizar el miedo para avanzar, e imprescindible conocer su juego, los ases escondidos que utiliza siempre. Sin vencer el miedo, el salto no se produce. Sin el salto, nunca alcanzaremos el lugar elegido.

El miedo es aquello que mina tu seguridad y te deja desnudo, desesperado. Esa es la raíz del miedo, su poder: dinamitar por dentro tus cimientos. Quien sobrevive al miedo sobrevive siempre. El que vence a sus propios demonios y se enfrenta al abismo que supone la vida propia, la vida ajena y el mundo, ya no le teme a nada. Algo se instala y se reordena dentro, en las vísceras, algo que nunca más se tambalea, permanece inmóvil y silencioso ante cualquier otra batalla. El miedo que se vence nunca vuelve al mismo lugar. La debilidad se convierte en habilidad futura. El desconcierto en sabiduría.

Es curioso ver cómo todos nos sentimos a salvo del mundo, del pánico, del dolor, como si se tratase de una especie de enfermedad ajena a la que somos inmunes, como una piedra que hemos lanzado lejos, muy lejos. Y sin embargo, un día, normal, del todo cotidiano, cuya rutina nos envuelve a modo de protección contra posibles elementos nuevos, desconocidos, y por tanto dignos de desconfianza, un acontecimiento inesperado nos sitúa al borde del precipicio, con suerte, y del abismo, de no haberla. Nos convertimos, entonces, en esos seres vulnerables que en realidad somos. Nada te enfrenta con mayor firmeza, honestidad y crudeza al mundo real como el miedo. Aquel que surge cuando de repente alguien cercano sufre y la impotencia nos hace sentir las piernas débiles e insuficientes, y las palabras huecas, aquello que se nos presenta de forma inesperada y que cambia todo lo conocido hasta entonces. Lo que en realidad nos surge a cada paso, en mayor o menor medida todos los días a nuestro alrededor, más cerca o más lejos, como advirtiéndonos que la seguridad no existe, y que la soberbia en el fondo es una forma irrisoria de ingenuidad.

El miedo, sin embargo, es la herramienta con la que el instinto nos protege, nos avisa del riesgo, sacude nuestras conciencias, nos debilita y de ese modo, de abajo arriba, nos fortalece. El miedo es el centro neurálgico de la supervivencia. No hay miedo que paralice la mirada más altiva o valiente pero tampoco hay miedo que una vez vencido no se arrastre a nuestros pies de por vida.

El miedo nos mantiene despiertos, nos sitúa en los bordes exactos de la realidad, nos regala esa verdad que por cotidiana ya no vemos: la suerte de seguir vivos y de que aquellos que nos rodean sigan sonriendo sanos y salvos.


Ana Vega

HOMENAJE A ANGELA FIGUERA AYMERICH

REVISTA YOUKALI

Ana Vega

DEFINICIÓN EXACTA DE SILUETA
“Es barro mi carne... ¿Y qué?
Cuando mi amante la besa
le sabe a nardos y miel”
Ángela Figuera Aymerich
Qué difícil encontrar mi figura
reflejada en el espejo
y qué sencillo
observar al detalle
mi silueta exacta,
sus contornos,
los límites que él
me desdibuja cada noche.
Qué sencillo, insisto,
alcanzar una definición exacta
de mi figura
en el iris de sus ojos
cuando me mira.
Misterio sin explicación alguna
ni base científica
el porqué, las razones,
por las que una mujer o un hombre
alcanzan su máxima definición,
aquella más verdadera,
en el reflejo que se produce
con tanta intensidad
en la mirada del amante.
Aquella que convierte en nardos y miel
toda la amargura
que contiene mi boca
cada vez más seca,
árida,
sin esperanza
más allá de este beso.
Barro agreste
tan fácil de moldear, sin embargo,
por manos expertas.
Poco más puedo decir
de este cuerpo que me vence ahora.
… …



BUROCRACIA SEXUAL



Resulta que ahora las mujeres hablamos de sexo, también de política, economía, literatura, arte, viajes, documentales, cine, música, estilismo, terapias alternativas, relaciones sentimentales y sí, también de sexo. Y no sólo hablamos de ello, nos atrevemos incluso a nombrarlo en el momento y lugar que nos place con la facilidad con la que separamos las rebanadas de pan antes de preparar el sándwich. Hasta ahora (y en el momento en que escribo esto y usted lo lee) no era algo demasiado frecuente eso de que una mujer hablase de forma abierta de sus experiencias en cama propia y ajena, y mucho menos de miembros conocidos, puestos de honor de dichos miembros o, lo que es más común, su agrupación en los denominados “verdaderos ineptos en técnicas y tácticas amatorias”. El sexo tántrico ya ni mencionarlo. Curioso fenómeno, hombres a lo largo de los siglos compartiendo sus batallas sexuales, peripecias insólitas, posturas impronunciables, miembros descomunales y una serie de acontecimientos que por las medidas que todo habitáculo más o menos normal posee resultarían imposibles de llevar a cabo, años y años, por tanto, practicando el sexo en forma de verborrea dialéctica en manada y hoy llegan hasta nosotras cual folio en blanco, sin conocer apenas el camino de baldosas amarillas que han de recorrer hasta alcanzar el orgasmo de aquella que les acompaña. Y no sólo del orgasmo vive el hombre ni la mujer, todo tiene un inicio, nudo y desenlace, y uno puede perderse de forma gustosa en cualquiera de estas partes, demorarse en ellas, algo que a día de hoy los hombres en general ignoran. Cada sensación, cada mordisco, cada jadeo es un momento en el que el placer se cristaliza, se diluye plácidamente.

Las mujeres hablan de sexo, alto y claro, sin tapujos, incluso alardean de la experiencia y sabiduría que su instinto de mujer les otorga. Esto provoca el pánico inmediato del macho alfa y su posterior comportamiento neandertal al intentar de modos y maneras de lo más variopintas silenciar los secretos más íntimos protegidos por su manada hasta entonces. Y es en ese momento cuando ellos explican sus teorías: su mujer ha de una “señora” con mayúsculas ante el mundo pero en su territorio ha de transformarse en una mezcla explosiva capaz de realizar aquellas posturas con las que el porno parece desafiar la ley de la gravedad, realizar alguna que otra acrobacia, Streep tease con cierta frecuencia (no demasiada te dirán ellos porque se pierde el encanto) y estar dispuesta a perpetrar todo tipo de juegos y prácticas que ellos consideran muy placenteras para nosotras pues así lo han decidido (nos informan siempre a posteriori) pese a que la mujer en cuestión se dedique mientras el acto tiene lugar a repasar mentalmente la lista de la compra al tiempo que gime con cierto ritmo acompasado. Es aconsejable que cada gemido se acompañe de ciertas frases o palabras que ellos piensan en ese mismo instante pero no se atreven a decir, lo cual les ayuda a corroborar que estaban en lo cierto al pensar que lo que ellos creían nos volvería locas ha sido un éxito rotundo, cuando en realidad es el truco que todas conocemos para que el pistolero descargue su munición en tiempo record. Luego ellos mismos se felicitan a si mismos por la labor realizada. Como compensación nosotras obtenemos un “te amo” siempre en horizontal y un “te quiero” siempre vertical. Con el desayuno a media tarde se alcanza el grado “te quiero mucho”. Dicho grado asciende o desciende dependiendo de la urgencia o distancia del último coito. Nos preguntamos entonces si realmente la sangre que circula por sus venas puede recorrer tan rápido la distancia entre su cerebro y el pene. Dudamos.

Nosotras, mujeres, amedrentamos a los hombres cuando al borde de la cama y del precipicio sentimental levantamos la mano como en el colegio y mirando fijamente a los ojos a nuestro contrincante decimos: “Esto no me gusta”. Algunas lo empeoramos dando indicaciones, otras se atreven incluso a llevar sus manos al centro neurálgico del placer y las más arriesgadas les muestran sin tapujos lo aprendido por ellas mismas tras años de adiestramiento y práctica. Las mujeres hoy conocen sus cuerpos, disfrutan de su sexualidad, saben mover su cabeza en sentido afirmativo y negativo, es decir: son peligrosas, saben lo que quieren. Eso asusta.


Ana Vega

Ausencia de fe




Perdí la fe.

Me quedé

atrapada

en la red

que teje

la araña

del desconcierto.


La incredulidad

certera

de quien

ha visto

demasiado.

Algo incurable.




La edad de los lagartos

Ed. Origami, 2011

Ana Vega

http://www.editorialorigami.com/index.php?option=com_zoo&view=item&Itemid=61


DESEO INTACTO



El músico británico Sting ha afirmado en diversas ocasiones que el secreto para mantener su portentosa forma física, su voz, y ese equilibrio que todos ansiamos imponer en nuestra vida, se encuentra en disciplinas como el yoga, la meditación y esa famosa frase suya que parece poner de los nervios a todo macho ibérico que se precie cuando la oye: “A veces hago el amor durante ocho horas”. Sexo tántrico, le llaman al asunto.

Busco información sobre el tema y me encuentro con conceptos más lógicos y cercanos de lo que en un principio podría vaticinar toda disciplina milenaria (prejuicios dios sabe por qué). Según parece el Tantra es una “disciplina oriental de la que bebe tanto el budismo como el hinduismo y que se basa en una serie de libros hallados en la antigua India hace 5000 años, donde el dios Shiva revela los secretos de la vida a su pareja la diosa Shakti. Entre estos secretos, la mayoría se refieren al crecimiento personal, la meditación y a la contemplación como un camino para evolucionar espiritualmente. Y otros ser refieren a la práctica sexual, a los rituales y al estímulo de energía que conceden al individuo el amor y las relaciones. El sexo tántrico es sólo una parte del Tantra”. Hasta aquí todo en orden.

Leo con clara estupefacción que en Estados Unidos existen miles de seguidores de tan dulces técnicas y que “en Chile despierta todo tipo de expectación y en Argentina, más que una moda es una fiebre que sacude a la sociedad”.

El Tantra toma la visión de una pareja como algo que trasciende lo físico y se convierte en algo más profundo (aunque esto suene a chiste fácil). Para los tántricos “el sexo, igual que sucede con el yoga o con la meditación, es un camino para llegar a un estado de conciencia más elevado espiritual”.

Más allá del lugar místico al que parece conducirnos todo esto y basándonos en algo quizá más tangible, o más acorde con nuestro tiempo (y prisas), con nuestro descerebrado comportamiento de seres del siglo XXI, algunas cosas llaman mi atención: con estas técnicas –por llamarlo de algún modo- se pretende aumentar la energía, controlar la respiración, y no sólo “aumentar si no generar la energía psicosexual o Kundalini”. Energía ésta que también se logra mediante ciertas asanas o posturas en el Yoga. Uno de los elementos más importantes y que, dudo mucho, consigamos introducir en el “modus operandi” del homínido al que solemos frecuentar es el llamado “orgasmo seco” u orgasmo sin eyaculación. El Tantra entiende que nuestras relaciones sexuales se convierten en momentos de “descarga” y no de “unión profunda”. Todos podemos elaborar en este preciso instante una lista mental de nuestros amantes y en ella veremos con nitidez (de forma muy explícita con seguridad, pero no con mucho rigor) la abundancia de los llamados momentos de “descarga” y los escasos momentos de “unión”, ya no profunda, si no tan sólo “unión”. Curiosa la tendencia del pensamiento occidental hacia la destrucción (darle a un niño algo que pueda partir en dos y lo romperá al menos en cuatro partes) y el uso casi imperceptible en nuestra vida cotidiana, a nuestro alrededor, del verbo: construir. Veo en el Tantra varias lecciones, y no sólo sexuales, que alguien con cierta sensibilidad –aún no “destruida” del todo o atrofiada por el escaso o indebido uso- sabrá leer entre líneas, lecciones que quizá olvidamos con los años: la lentitud de dos cuerpos que se aproximan, el momento previo al beso, la extensión ilimitada de una caricia o lo que todo eso puede significar si lo trasladamos más allá del nivel físico. Ahora agotamos el deseo en apenas cinco minutos, nadie recuerda el poder ancestral del deseo intacto. Quizá nuestra vida actual sea entonces una “descarga” continua mientras otros, como Sting, disfrutan de una especie de “orgasmo seco” infinito que les conduce a una vida quizá más equilibrada y menos psicótica. Nosotros no sabemos regalar una caricia sin ponerle nombre, precio y fecha de caducidad. Las arrugas y el temblor del labio izquierdo nos delatan. El equilibrio se ha roto.


Ana Vega

VIOLENCIA




Insisto en un tema que se denuncia cada día a golpe de muertos y heridos: la violencia (violencia de género, de portero de discoteca, de conflictos armados y todo movimiento de individuo o grupo que infecta cada día una parte del mundo más cerca o más lejos de nuestra realidad circundante). Para aquellos que aún manifiestan cierta ceguera respecto al tema es necesario añadir una vez más algo evidente: toda violencia es inútil. Tal y como decía Gandhi “ojo por ojo y la humanidad se quedará ciega”. No hay arma, ni cuchillo, ni palabra hiriente, que consiga alcanzar sus objetivos. Y recordamos ahora a Unamuno: “Venceréis pero no convenceréis”.

La violencia surge no del sentimiento de superioridad de un individuo, grupo o pueblo, sino todo lo contrario, de su complejo de inferioridad, insatisfacción o necesidad. No obstante, no siempre resulta tan fácil elaborar un esquema preciso de las causas que conducen a la violencia si en este momento pensamos en pueblos hambrientos o humillados durante siglos; sin embargo vemos el absurdo que se esconde tras las limpiezas étnicas, las guerras de la diferencia, los asesinatos y atrocidades cometidos por la humanidad en nombre de la religión, la “raza”, del sinsentido en resumidas cuentas. El verdugo que asesina a la mujer que le hace sentirse amenazado en su virilidad, su estatus, intenta restablecer su poder con la sangre de la víctima. El mismo asesino que luego se autolesiona o se quita la vida porque, suponemos, eso ha de analizarlo un especialista en salud mental, comprueba la inutilidad de sus actos, de la sangre derramada. Una vez eliminada la amenaza se da cuenta que exactamente su poder radicaba en la existencia de la víctima o víctimas. Cuando el coronel no tiene ya quien le escriba deja de ser coronel… Sirva esto como ejemplo cercano y que nos hiere cada día en los medios de comunicación, sin olvidarnos de los que sufren conflictos olvidados o de actualidad, aquellos que sufren la violencia en todas sus formas, también los niños cuyos padres siguen creyendo en la brutalidad como forma de educar o quienes ven en los animales un modo de expresar su falta de integración en la sociedad y su insatisfacción personal. Siempre castigamos a los otros por nuestros propios pecados.

Dos grandes del cine como Kubrick y Michael Haneke indagaron sobre el origen y consecuencias de la violencia en dos de sus películas: “La naranja mecánica” y “Funny Games”. El grado tal de violencia en ambos casos es tan exacerbado, tan crudo, que resulta difícil mantener firme la mirada frente a los hechos que nos muestran. No sólo sufrimos la violencia ejercida como tal, los hechos puntuales, sino también la gratuidad de estos; ambos cineastas nos muestran el verdadero horror que se esconde tras todo acto violento: la indiferencia de quien lo ejecuta. Vemos con toda claridad cómo los personajes que golpean e hieren no sólo disfrutan, juegan, se entretienen con sus actos, sino que manifiestan una completa indiferencia ante sus víctimas, ante la sangre, el llanto o la desesperación. Y es justo aquí donde las imágenes de la pantalla nos resultan insoportables. Al fin, somos espectadores “directos” de lo que cada día vemos reflejado en los diversos medios de comunicación, pero ahora vemos más allá, vemos lo que éstos no se atreven a revelar: la crueldad real, el momento exacto en que quien acaba de violar, matar o torturar se sienta cómodamente a tomarse una cerveza, comer algo o dormir plácidamente. Hasta ahora seguimos protegidos por ese velo que separa al espectador del protagonista de la historia, sin darnos cuenta, y de forma bastante ingenua, que todos pertenecemos al mismo escenario y que los papeles cambian con un simple movimiento de rotación. Entonces nada ni nadie podrán protegernos.


Ana Vega

Taller de Poesía

Curso de Crítica Literaria

Curso: Curso de Crítica Literaria

Tipo de curso: Online

Fecha de inicio: 03/10/2011

Duración: 3 meses

Precio: 60€/mes

Descripción:
El curso de crítica literaria propone dotar al alumno de las herramientas precisas para abordar la reseña de textos literarios. Desde el acercamiento a la obra y su lectura crítica, pasando por la estructura que debe seguir una reseña y los elementos que debe abordar, hasta la elaboración final del comentario crítico.

El curso está dirigido a aquellos interesados en realizar crítica literaria en medios y revistas especializadas. A través del trabajo continuo y los ejercicios prácticos recomendados, el alumno sabrá al final del curso analizar de forma crítica los diferentes aspectos de un texto literario, para emitir un juicio congruente y razonado.

Programa:

  1. La crítica literaria y sus diferentes aspectos
  2. Cómo escribir una reseña
  3. Esquemas y claves.
  4. Reseñas y géneros literarios
  5. Objetividad, subjetividad y la orientación del lector
  6. El texto definitivo

Las prácticas de las distintas lecciones se basarán en la lectura de varios libros, con el fin de que el alumno realice reseñas basadas en textos reales.

Profesora: Ana Vega

En la sección Preguntas frecuentes está disponible la información sobre el funcionamiento de los cursos y talleres.


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CUATRO PUNTOS IMPORTANTES A RECORDAR SOBRE LOS DERECHOS DE AUTOR



1.- Es obligatorio que el contrato de edición se haya realizado por escrito. En este sentido, el artículo 60 de la Ley de P.I. establece con carácter imperativo la obligación de que conste por escrito y con un determinado contenido mínimo. La sanción en la que se puede incurrir si no se cumple este requisito obligatorio es la nulidad (artículo 61LPI).

2.- El editor esta obligado de conformidad con la legislación vigente en materia de Propiedad intelectual a informar anualmente de los resultados de las ventas de la obra, a través de las oportunas liquidaciones en las que se fijarán los libros que se han impreso (debe corresponderse con lo que conste en el Certificado de Impresión que se debe entregar al autor antes de que la obra salga a la venta), los que se han dedicado a promoción (suele ser un porcentaje que no pasa del 10% del total impreso), los dañados, los que están en distribución, almacén, tiendas, los que se han vendido, y en su caso los que se han devuelto. Por tanto, es obligación del editor informar como mínimo una vez al año de la evolución o marcha de la obra (artículo 64 LPI).

3.- Constituye otra obligación imperativa del editor el remunerar al autor por los derechos cedidos. Esta remuneración se pacta en el contrato y suele ser un porcentaje sobre el PVP de cada ejemplar. El porcentaje más habitual es el del 10%.

4.- Siempre el autor tiene derecho a que un numero le entreguen el editor unos ejemplares gratuitos de su obra para sus amistades o gente conocida (10, o 15 ejemplares depende de lo que se acuerde) y desde luego en todos los contratos se establece una cláusula por la cual el autor puede adquirir su obra a con una deducción sobre el precio de venta al publico.

INSTINTO



Más allá de toda lógica del corazón o el cerebro, de sus instrucciones más precisas, y en tantas ocasiones absurdas, existe un lugar intermedio, a media luz, donde se cobija el instinto. A veces el corazón engaña por pasión, por simple ceguera, por exceso de fe en lo invisible y el cerebro instaura su dictadura de emociones frías, de reglas, normas y códigos que han de seguirse al pie de la letra según todo tipo de condicionamientos sociales, afectivos, o aquellos establecidos por cobardía incluso. Justo entonces se impone el instinto en los que aún permanecen vivos bajo la piel de lobo que nos arrancaron al colocarnos las prendas que ahora lucimos con cierta inestabilidad física y sonrisa fingida. La voz que decide siempre con la sabiduría ancestral del primer hombre y la primera mujer ha de ser rescatada entonces de lo más profundo de nuestro abismo, pues ante cualquier golpe de mar o tormenta, ese faro será siempre el único que pueda guiarnos hasta tierra firme.

Ana Vega

INTERFERENCIAS



Descubro en boca de un hombre que ha practicado el canibalismo con la naturalidad con la que otros defienden el nudismo, la respuesta a todas mis preguntas: entre lo que uno piensa y lo que finalmente expresa existe un abismo.

La historia de este hombre inundó los medios de comunicación hace unos años; un hombre que mediante una página Web consigue alcanzar aquello con lo que ha soñado toda su vida: devorar a otro hombre. Él nos explica que no sólo se trata de comer carne humana –que, por cierto, según su experiencia se “parece bastante a la carne de cerdo pero más fuerte”- sino de establecer un vínculo especial con su víctima, una especie de comunión con lo que podríamos denominar su credo particular, el canibalismo. Mientras nos narra todo esto luce una estremecedora y brillante sonrisa, dientes blancos, casi perfectos. Cuenta cómo en Internet existen varias páginas dedicadas al canibalismo y cómo en ellas aparecen diversos anuncios de personas que muestran su deseo de comer carne humana, y otros de ser sacrificados (o martirizados, incluso). Es aquí donde conoce al candidato perfecto: un hombre joven y atlético que anhela ser sacrificado y devorado vivo. El hombre expresa en el anuncio su deseo de sentir dolor y que su verdugo grabe todo el proceso. Establecen contacto, fijan una fecha y llevan a cabo sus macabros deseos más íntimos. El “verdugo” (la víctima en este caso consiente) recoge a su “víctima” en la estación, lo conduce a su casa y allí prepara su vajilla más lujosa para la cena. Primero le corta el pene siguiendo las órdenes que el otro le indica, luego corta el miembro amputado en dos partes y las condimenta y prepara como es debido en el horno. Mientras, el otro se desangra y pide que le traiga su parte para degustarla. Se desangra lentamente. El anfitrión, por cortesía, le ofrece un baño de agua caliente (con lo que eso significa) para que se relaje. El proceso es largo. Finalmente el “verdugo” se coloca el delantal de carnicero y corta la carne, las piezas “más frescas” las cocina de forma inmediata y las otras las guarda en el congelador. Ambos sufren infancias no desdichadas pero sí con carencias afectivas y problemas familiares, por lo demás, los dos son seres queridos y respetados por sus vecinos y amigos. Una vez escuchado el espeluznante relato en toda su crudeza y la frase final con la que éste hombre, que ahora se encuentra en la cárcel, reconoce que le gustaría haber comido la carne de alguien a quien amase o con el que mantuviera algún vínculo sentimental, vemos claramente en este ejemplo terrible e inigualable nuestra incapacidad de elaborar un discurso acorde con nuestro pensamiento y sentimientos reales. Descubrimos, también, que a veces el lenguaje bien empleado, cuando se produce la perfecta concordancia entre lo que sentimos y luego expresamos, tiene una eficacia asombrosa, temeraria incluso. Nuestro “verdugo” expresó con claridad sus deseos y obtuvo así el objeto deseado, ya que el otro hizo lo mismo y lo expuso al mundo. Digamos que ésta es la honestidad verbal llevada al límite, pero vemos también cómo los resultados son del todo sorprendentes. Si cada día, en nuestra vida, empleásemos un cuarto de la valentía y sinceridad que estos dos hombres utilizaron para mostrarse ante ellos mismos y el resto del mundo (sin entrar en patología y evidentes trastornos de dicho individuos) y descubrir sus deseos más inconfesables, qué no conseguiríamos nosotros si nos olvidásemos de nuestra hipocresía y cinismo. Reconozcamos que en nuestra vida cotidiana nos vencen las interferencias sentimentales, de la vanidad, el ego, el miedo o la cobardía, y así, entre todos, conseguimos alzar una torre de Babel indescifrable incluso para el más perspicaz vecino, conocido, amante o amigo. He aquí dos hombres que todos calificamos como monstruos por los atroces actos cometidos, pero hemos de tener en cuenta que ellos decidieron en un momento dado elaborar un acuerdo cuyas reglas habían expresado, y determinado, desde el principio, y que por tanto, en este caso, no hubo interferencia alguna. Ambos expresaron sus deseos y éstos se cumplieron, sólo ellos saben si como bendición o maldición. Demuestran, sin embargo, que entre dos personas es posible establecer comunicación directa sin interferencia alguna.



Ana Vega