¿A QUÉ HORA ES EL FUNERAL?



Eran las siete en punto. Un silencio espeso y turbio inundaba toda la habitación. Se escuchaban voces en la cocina, en el pasillo; toda la familia estaba allí. Pero nadie se atrevía a entrar y ver la cara del moribundo. Adela preparó café para todos, el médico había dicho que sería cuestión de dos o tres horas más.
Alguien avisó a la hija mayor. “Parece que intenta decir algo, pero yo no logro entender nada”, le susurraron junto a la cafetera. Adela llamó a sus hermanas y entró en la habitación. Allí estaba, ya no quedaba apenas nada de aquel hombre, un cadáver atrapado entre cuatro paredes. Todo seguía igual, como a él le gustaba, la ropa en el suelo, la manta vieja y descolorida, el olor a humedad, la ventana medio rota y un frío intenso, como si ya no quedase nada vivo allí. Se acercó a la cama e intentó descifrar lo que su padre repetía una y otra vez:

-¿A qué hora es el funeral?- consiguió al fin entender Adela.
-¿Qué funeral?- intentó hacerse la sorprendida- ¿De qué hablas?
-Mi funeral. ¿A qué hora es el funeral?-repitió con mucho esfuerzo.
-Tú no te vas a morir, papá, qué tontería…Todo va a ir bien, sólo necesitas descansar- ni ella misma se creía lo que estaba diciendo.
-¿Hay suficiente dinero? ¿Hay dinero? ¿Tengo dinero?-ya sin fuerzas, inteligible.
-¿Pero dinero para qué? ¿Para qué necesitas dinero ahora?-no entendía nada.
-Para mi funeral. ¿Tengo suficiente dinero para el funeral?-y una lágrima diminuta e involuntaria casi, descendió de su ojo derecho.

Adela salió de la habitación, alzó la vista y miró a sus hermanas, una a una. Les preguntó dónde estaba la cartilla de ahorros del banco de su padre. Teresa señaló la habitación. Adela volvió a entrar, sin mirarlo, abrió el primer cajón y cogió la cartilla. Buscó atentamente. La cantidad exacta eran ciento cincuenta euros. Cerró la cartilla y escuchó una respiración extraña, brusca, lejana, todos le oyeron con claridad:

-¿A qué hora es el funeral? ¿A qué hora?-dijo cerrando los ojos.


JUGUETES PARA MASCOTAS


Mi gata se llama Melissa y tiene once años. Pese a su “avanzada” edad salta, corre y se enreda en todos los puntos claves de la casa donde pudiera provocar algún tipo de conflicto entre un ovillo de lana y una silla, una mosca y una ventana, una bañera cuyo desagüe hay que investigar u otras situaciones susceptibles de una dedicación exclusiva al hecho en cuestión durante un mínimo de media hora y un máximo de dos. Además de los posibles juguetes que Melissa se va encontrando por la casa –cuyo origen en ocasiones desconocemos y que, en principio, no han sido destinados al uso felino- posee dos diminutos ratones de plástico y pelo blanco y fucsia respectivamente, de ojos negros y cola extremadamente delgada especialmente creados para el desgaste que supone vivir a merced de un felino (comprados por la incauta compañera de piso del animal). Ayer Melissa cogió, zarandeó, lanzó y jugó con el ratón más fashion de los dos, el fucsia chillón, a su antojo durante un buen rato. Inteligente y amante de sí misma, como es costumbre, ella misma se encargó de transportar su ratón de un lado a otro agarrándolo con la boca de la pequeña cola que éste luce (modo mucho más cómodo y accesible de pelearse con él que engancharlo por su diminuto cuerpo). No sé cómo ni en qué momento exacto se oyó un ruido que parecía indicar que con tanto correr, y tanto movimiento, Melissa amenazaba con regurgitar la ingesta última de sus rosquillas habituales (ratón y galletas procedentes ambos de la misma fábrica o marca registrada) Pero no, el diminuto ratón se le había quedado atascado en mitad de la boca. Como buen felino, ella misma se provocó el vómito que le salvó de una muerte tan poco heroica y más bien vulgar. Me pregunto entonces quién o quiénes regulan y comprueban si los juguetes para mascotas son aptos o no para éstos. ¿Se ocupa alguien de evitar la muerte accidental de los pequeños y curiosos animales domésticos? Cabe recordar que ellos no pueden leer las etiquetas, y aunque lo hicieran éstos no aportan ningún tipo de advertencia. Sí, confieso que Melissa es un ser lúcido, pero conserva intacta su ingenuidad más sincera, así pues se confía y, en fin, pasa lo que pasa… Aunque los peligros de nueva generación caseros (se generan cada día, en cada esquina) acechan por todas partes. Melissa ha abandonado el ratón que tan “mal trago” le hizo pasar y ha descubierto un nuevo juego. Consiste en arrastrar mi bota derecha, para ser exactos, situada debajo de la cama, sirviéndose de los cordones de la misma hasta dejarla situada justo en el centro de la habitación. Pero el juego, consiste realmente, creo yo, en esperar pacientemente a ver cómo yo tropiezo día tras día con mi propia bota mal aparcada. Me pregunto entonces, ¿quién regula esto de las botas emancipadas?
I LOVE ME




Ayer me encontré, en una de esas parcelas que el imperio chino ha creado y donde habita el reino de las mil y una cosas, una chapa con el siguiente lema: I love me. Mi conocimiento básico de este idioma no me permite elaborar una traducción fiable de dicho lema, pero mi cabeza, pensamiento y recuerdos recientes, me proporcionaron una no sé si muy acertada, pero sí espontánea, y del todo subjetiva, traducción: “me quiero”. El subconsciente siempre traduce de modo preciso nuestra realidad más inmediata. Y digo esto porque últimamente he asistido, y sido “víctima” también, de lo que podríamos llamar de algún modo como “fenómeno contagioso cuyas dimensiones alcanzan cotas inusitadas pues se expande cual virus” entre el género masculino. Sus raíces llegan al infinito. En estos últimos tiempos he visto a mi alrededor y sufrido en mis propias carnes cómo una frase amenaza nuestra salud mental de “hembras” (y que según parece pedimos a gritos); esa frase de consuelo que todo hombre parece sacarse de la misma manga donde el único as que esconde es un brazo como el mío –más grande o pequeño según el caso pero de mismo hueso- y que llena de alegría nuestras ojerosas miradas es: “tienes que quererte más”.
Tras un análisis minucioso del número de veces que dicha frase ha sido repetida por unos cuantos ejemplares de la costilla de la que dicen procedemos, en diferentes circunstancias, hacia diferentes mujeres con vidas muy distintas y estados de ánimo o proyectos vitales sin similitud alguna entre ellos, he llegado a percibir varios hechos que se producen y reproducen no en la mujer que parece necesitar consuelo siempre, y hombro ajeno, según parámetros masculinos, sino en el sujeto en cuestión que gira su cabeza del lado más paternalista que habita en él, te mira fijamente y con toda la seguridad del mundo que sólo la verdadera inseguridad esconde, te dice muy suavemente (casi siempre acompañado por un toqueteo incontrolado o caricia en el pelo; por eso una se alegra siempre de llevar gomina, medio kilo de espuma o cualquier otro repelente) y con cara que ellos creen a lo Clint Eastwood y más bien se les queda en Emilio Aragón en “Padre de familia”, cara desubicada pues: “tú lo que tienes que hacer es quererte”.
Hechos: el hombre en particular de forma instintiva levanta la cabeza, sonríe plácidamente, respira con profundidad y asiente con la cabeza ante la mujer a la que le acaba de arreglar la muñeca a la que ella misma decidió amputarle el brazo izquierdo. Hechos: la mujer en cuestión se desorienta, cree por un segundo que dicha afirmación puede alcanzar el grado de respuesta a sus preguntas, mira al hombre desconcertada y siente su inseguridad frente al dominio que éste se empeña en ejercer sobre el mundo y, por un momento, se produce la tragedia: la mujer duda de si misma. Hechos: el hombre gana la batalla, ha creado la inseguridad en el campo “enemigo” que él advierte más fuerte y sabe que sólo así puede quebrarse el muro hasta el punto de dejar la rendija justa por la que colarse ya con su personalidad real, dando rienda suelta a su egoísmo, egocentrismo y debilidad enmascarada en frases que los años avalan como perfectos para tambalear cimientos femeninos. Hechos: el hombre alcanza de nuevo la superioridad, dirige la manada, le gustaría volver a cazar mamuts (unos estudios recientes demuestran que lo que acabó con el mamut no fue el clima sino el hombre) Hechos: la mujer se siente triste, si algo conoce y ha ejercido durante años eso es el amor, a si misma, y a su entorno, la mujer que hoy día trabaja duro para vivir su vida valora su trabajo, su esfuerzo y los logros obtenidos. La mujer actual se siente segura frente al mundo entero pero sin armas ante la injusticia que se disfraza de mil modos, que se esconde tras cada puerta. La mujer no entiende que su compañero, al que desterraron del paraíso junto a ella aún no haya comprendido los mecanismos más rudimentarios de la vida. La mujer se siente pequeña cuando un hombre esconde su debilidad, inseguridad y falta de lugar en un mundo cuyas manos ya no ejercen poder alguno sobre la que antes consideraba simple títere o fuente de placer y para eso lleva a cabo juegos insólitos de doble vuelta de tuerca como el conocido juego de espejos en el que uno acusa al otro de sus propios defectos o empuña un consejo a modo de disparo. La mujer se siente pequeña no con el tono de la frase, sino porque eso le demuestra una vez más que el hombre aún sigue perdido. Aquél que se encuentra asustado o a quien le muerde el miedo ataca y luego pregunta.

Y SI ME QUIERES, ¿PARA QUE ME QUIERES EXACTAMENTE?


Esta pregunta un tanto contradictoria refleja con exactitud el posible engaño, confusión o malentendido que se esconde tras cada palabra pronunciada, cada frase (menos probabilidades de que esto ocurra en la palabra escrita, lo escrito dicho queda). Seamos realistas: las palabras se las lleva el viento, los hechos permanecen. La semana pasada un artículo de José Antonio Marina, ese grandísimo taxidermista de las emociones y sentimientos del ser humano, nos ofreció una visión valiente y precisa acerca de eso tan abstracto, curioso, y en tantas ocasiones ridículo y casi paranormal, que llamamos amor. José Antonio Marina nos cuenta que suele dar un consejo a sus alumnos y alumnas, a sabiendas de que no lo van a seguir: “Les digo que, a pesar de ser un anticlímax, cuando reciban una declaración amorosa del tipo: ‘Te quiero con toda mi alma’, lo sensato es preguntar: ‘¿Y para qué me quieres?’”. Detengámonos un segundo a reflexionar este asunto, aparentemente sencillo. Cuando alguien nos dice “te quiero” –no “te quiero mucho”, que no es lo mismo- y en primer lugar es probable, muy probable, que esta afirmación haya salido de su boca sin que su cabeza lo haya procesado siquiera, pueda darse el caso de que quien lo dice tenga razones que él sí sabe pero nosotros desconocemos, razones ocultas, a veces buenas, maravillosas (calabazas en forma de carroza, perdices en su punto y otros cuentos) o no tan buenas (ya tengo la “perdiz” en la cazuela, me la como y se acabó la historia) o curiosas, personales e intransferibles (quien lo dice piensa: ¿qué acabo de hacer y cómo salgo de aquí? ¿Tendré que pasar por el altar? ¿Habrá perdices en el banquete?). De todas formas lo diga quien lo diga y como lo diga, un escaso 15% de la población no ha sometido dicha afirmación a consenso alguno consigo mismo. Y entonces lo que empezó con una frase se convierte en muchas ocasiones en galimatías sentimental y lingüístico. Sin embargo, si a ese “te quiero”, que se magnifica cada cinco segundos aproximadamente en el mundo, le siguiera la pregunta del interlocutor -que intenta mover algún músculo o extremidad inferior tras dicha afirmación- en un tono relajado y cordial un ¿y para qué me quieres?,entonces, y sólo entonces, ahí, comenzaríamos a entendernos. Todos nos movemos mediante códigos desconocidos para los demás, la vida consiste en ir descifrando los códigos ajenos –y los propios también-, lo que implica la construcción de una torre de Babel sentimental diaria por cabeza. Cuando alguien te dice “te quiero”, o uno mismo hincha los pulmones y expulsa una afirmación tan peliaguda debería dejar claro que un “te quiero” mal entendido deja una mancha enorme, muy difícil de eliminar, y sin embargo un “te quiero” acompañado de un complemento directo o indirecto suele ser mucho más efectivo, menos dañino y más realista, para qué engañarnos. La mayor parte de las mujeres que mueren a manos de sus parejas han escuchado en boca de sus verdugos muchas afirmaciones de ese calibre: “te quiero más que a mi vida…” José Antonio Marina recalca la necesidad de reconocer los propios sentimientos, hay gente a la que queremos para una noche, otra para dos, otra para tres, otra para cuatro, y un día nos encontramos ante alguien con quien el número de noches esperamos sea indefinido. Mientras tanto, propongo, practiquemos el “te quiero acompañar al cine” y aparquemos las perdices que tanto daño han provocado a conciencias y subconscientes varios. Tengamos en cuenta lo que nos advierte José Antonio Marina: “Los sentimientos tienen las propiedades del cristal”. El amor es un todo, un engranaje imperfecto, pero un misterioso producto que consiguen elaborar dos personas (o más, cada uno añada lo que tenga a bien) con una cantidad ilimitada de ingredientes, la mayor parte desconocidos por ambos sujetos hasta ese momento. “El amor es un deseo que va acompañado de muchos sentimientos, con frecuencia contradictorios, y que pueden estabilizarse en profundas y constantes formas de apego”, nos dice el filósofo. Éste es sin duda un buen momento para darse la vuelta con cierto garbo y preguntar a su correspondiente cónyuge, amigo, vecino, gato, perro, o tal vez hurón, tan de moda en estos tiempos, eso de “¿y para qué me quieres?”. Espero no sea demasiado tarde para ninguno de ustedes.

"La ciudad protege a los suicidas. Se han construido expresamente viaductos, puentes y acantilados a fin de que los hombres y mujeres decididas a suicidarse puedan ejecutar el acto con las mayores garantías de éxito"
Suicidios S.A.
... y cuando Dios se le aparece a un pobre hombre que se dirige a su oficina: "Entonces, extrajo del bolsillo interior de su chaqueta unas cuartillas escritas a máquina (era un hombre prolijo) y calándose los lentes (sufría una moderada presbicia) comenzó a leerle a Dios la lista de cargos que durante cincuenta años había acumulado contra él, de forma imparcial, como un anónimo investigador que ha seguido a un sospechoso sin que éste se diera cuenta"
El juicio final


Cristina Peri Rossi
Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.

El gran Gatsby. F. Scott Fitzgerald.


PAPA VUELVE A CASA



Uno de los interinos del hospital encontró a la niña tendida en el suelo, en la calle, al lado de la puerta. Llevaba los pantalones manchados de sangre. No se movía. Cuando la vio, deseó que estuviese muerta, sabía que a veces es mejor no sobrevivir a ciertas cosas. Pese a todo comprobó el pulso. Estaba muerta. Fría, muy fría. La tapó con la chaqueta y la cogió en brazos. No quiso saber nada más, no necesitaba los datos de una autopsia para conocer los hechos. Se alejó del horror.

Tres días antes, María había ingresado en urgencias con múltiples magulladuras, un par de cortes en los brazos y lesiones, y desgarro brutal en vagina y recto. En la boca presentaba una especie de llagas difíciles de tratar. María tenía 5 años. Su madre dijo que una niña muy traviesa, que se había caído en la bañera. Explicó con detalle toda una cadena de insólitas circunstancias, y lo hizo con toda convicción, con la seguridad de quien habla de un animal que ya no sirve. Se movía inquieta, de un lado para otro y miraba de reojo al médico. La cama y el pequeño cuerpo que descansaba encima no existían para ella. Del padre nunca se supo nada. No apareció por el hospital. Las pruebas demostraban que aquella no era la primera vez que la niña sufría ese tipo de vejaciones. Sin embargo todo el mundo allí susurraba casi el dictamen, se murmuraba, como si nadie quisiera enfrentarse al dolor extremo, a la desesperación de una niña. Como si en el fondo todos los que pasaban por aquella habitación blanca se sintieran culpables de algo de una forma extraña. Había sangre que no le pertenecía en sus uñas. Las manos estaban agrietadas, avejentadas.
María apenas se movía en la cama, gemía de vez en cuando y daba pequeños golpecitos con la cabeza en la almohada. La enfermera decidió aumentar la dosis para aliviar su dolor sin consultar a nadie, le parecía que lo mínimo que allí se podía hacer después de todo el daño. El personal médico, todos, sintieron aquel día que el mundo entero era culpable de cada gemido de la niña, cada gota de sangre.
La enfermera jefe advirtió a su superior de que ésta no era la primera vez que la niña acudía al servicio de urgencias. La recordaba allí encogida en la silla, esperando una camilla, mientras su madre la zarandeaba. Todos sabían. Estaba claro.
La madre repitió las mismas excusas cuando le preguntaron por las otras veces.
María seguía inmóvil en la cama, con los ojos abiertos. No miraba a su alrededor, mantenía la mirada fija en la pared. No parecía una niña, tenía el gesto de una anciana cansada, de una superviviente cuyo recuerdo la ha dejado estancada en un lugar del que ya no puede ni sabe volver.
Cuando la madre bajó a la cafetería la asistente social intentó hablar con la niña. Nada, María se había quedado muda, tan sólo emitía una especie de sonidos como de animal herido. El logopeda dijo que todo era producto del pánico acumulado. El psicólogo tampoco consiguió nada. María se había quedado atrapada en el miedo.
Los médicos que la atendieron hablaron de nuevo con la madre. Intentaron localizar al padre. Ni rastro.
La asistente social fue a la comisaría. La policía dijo que eso era un asunto de servicios sociales, que si no había ningún tipo de denuncia ellos no podían hacer nada. Los servicios sociales investigarían el caso meses después, cuando encontraron un hueco entre tanto papeleo.
La enfermera jefe se sintió impotente, sintió que su trabajo no tenía sentido alguno.
María volvió con su madre a casa. La dejaron marcharse al día siguiente. Nadie lo impidió. Su carita ya no parecía decir nada, como si le hubieran robado toda la humanidad. Su mirada perdida reflejaba una ausencia total de inocencia, como si en sus ojos hubiera quedado escrito el momento exacto en que la niña fue consciente de la barbarie. María parecía tener muchos años, mucho peso, un dolor infinito a cuestas.
Al marcharse, su madre olvidó recoger su mochila. En ella las enfermeras encontraron un cuaderno lleno de dibujos. Apenas podía distinguirse figura alguna. Monstruos, curvas, líneas rotas… La mayor parte de las páginas habían sido arrancadas. En una de ellas una gota de sangre seca inundaba la mitad izquierda.
Cuando María llegó a casa con su madre, esa misma noche, papá volvió a casa. Llegó tranquilo, como siempre, nada más entrar preguntó por la niña. Descansando, dijo la madre. Él fue a la habitación y cerró la puerta. No dio portazo alguno, la cerró suavemente, como quien vuelve a la cama después de ir a por un vaso de agua. La madre siguió fregando los platos, uno tras otro, y cuando acabo, comenzó a fregarlos de nuevo. Se puso a pensar en lo que podría cocinar al día siguiente. Lasaña, pensó. Ése era el plato favorito de María. Intentó recordar cómo se preparaba la tarta aquélla que solía hacer cuando María era pequeña. Su cabeza estaba en blanco. Escuchó algo en la habitación. Cerró los ojos, los apretó.
La vecina de al lado le dijo a su marido que deberían llamar a la policía de una vez por todas, que aquello no podía seguir así. Los niños del quinto le preguntaron a su padre qué es lo que pasaba, quién gritaba así. Nada, no pasa nada, dijo el padre.
A las cinco de la mañana ya no se oía nada. En todo el edificio reinaba por fin el silencio. Una calma oscura parecía inundarlo todo.
El padre de Marta salió a la terraza a fumar un cigarro. Una buena noche, se dijo. Disfrutó esa sensación plácidamente. Luego fue a la nevera a por una cerveza. Encendió la televisión y se recostó en el sofá. Intentó encontrar la postura perfecta, no le apetecía acostarse aún. Siguió fumando.
La madre decidió acostarse. Ya no quedaba nada que limpiar en la cocina. La lasaña estaba lista, y la tarta. Se quitó el delantal. Se dirigió a su habitación. Pasó por delante de la puerta de María y vio los peluches en el suelo. Siguió caminando. Era tarde. Se puso el camisón y abrió las ventanas de par en par. Se tomó un par de pastillas y se durmió.
Tres días más tarde la enfermera jefe que había atendido tantas veces a la niña compró un peluche enorme y lo llevó al depósito de cadáveres. Debería haber hecho algo, pensó. Volvió a su trabajo. Era lunes.

ENCANTADORES DE SERPIENTES




Dícese de aquellos individuos que depositan sus huevos en tus entrañas, y con diversas técnicas y tácticas, de lo más variopintas e inusitadas, llevan a cabo una laboriosa tela de araña que deja a sus víctimas enredadas para siempre en una jaula invisible. Padecen diversas patologías, algunas ya descritas y conocidas como la del “perro del hortelano”, que ni come ni comer deja, y otras más satánicas y ancestrales como la de ejercer su dominio y poder sobre la presa elegida a través de una sutil pero muy estudiada “invasión psicológica” que mina a la víctima en cuestión lentamente, durante años. Aunque nos alejemos pues físicamente de su lado siempre nos hallaremos en territorio comanche…
Individuos que suelen ser en el fondo recipientes vacíos que han de llenar con sangre y energía ajena sus profundidades más cóncavas, pero con una vida social agitada (evidente, por la constante búsqueda de víctimas) y economía saludable (la falta de escrúpulos siempre te lleva lejos).
Sin embargo, su propia vida se convierte en un vaso siempre vacío, hueco y frío, que lo mires por donde lo mires nunca termina de llenarse; ellos, pues, no se sitúan ni en el optimismo ni en el pesimismo sino en el realismo más conveniente a sus expectativas.
Les reconocerán por su egolatría, que han de disimular tanto, y en tantas ocasiones, que siempre se les escapará alguna sorprendente revelación en una de esas conversaciones que carecen siempre de interlocutor alguno más allá de sus propios oídos.
Suelen padecer cierta tendencia a los regalos que se empeñan en colocarte como parte del ajuar que viene con los huevos depositados con anterioridad en tu espacio vital; también sienten cierta debilidad por la frase hecha, el piropo fácil y el halago invasor -y del todo incomprensible-, pues llegado cierto punto en el que la presa se mantiene firme pueden alcanzar un elevado grado de inconsciencia a la hora de llevar a cabo sus propósitos de caza indiscriminada. Utilizarán para ello todo tipo de herramientas.
Les reconocerán fácilmente cuando intenten sacarlos de sus vidas -amputar el miembro enfermo que consigue envenenar despacio todo el cuerpo- y éstos se tomen el asunto como agravio sin precedentes en el vampirismo psicológico y se agarren a usted cual parásitos intestinales.
Al igual que las garrapatas cuanto más tiren de ellas, más se hundirán éstas en la carne. Hemos de admitir ya desde un primer momento que todo encantador de serpientes, o “gañán”, en jerga popular y muy sabia, para simplificar, acaba marchándose de nuestras vidas con un pedazo de nuestra piel o entrañas bajo el brazo.
Nadie dijo nunca que esto sería fácil…

A LOS QUE HIEREN


(in memoriam de los muertos que pretenden permanecer en nuestras vidas)


Hay una bella canción que casi todos conocemos y que nos emociona cuando de repente nos sorprende en medio de una conversación en una cafetería cualquiera o en el lugar más disparatado: Everybody Hurts, del grupo REM. Escucho ahora el estribillo en mi cabeza.
Isabel Coixet dio el título “A los que aman” a una de sus películas más silenciosas, delicadas. Para aquellos que aman en silencio, los que aman de verdad, los que creen amar y confunden juego con entrega…
Pero no acabo de hallar ninguna recopilación de tipologías o patologías cotidianas que reflejen fielmente los distintos personajes que llevan a cabo día tras día esto del “daño gratuito”, ni de los diferentes niveles o grados de este daño. Aquéllos que hieren gustan de darse por aludidos para todo lo que les conviene a sus vidas, egos y demás cosas de vital importancia como mantener su imagen de recipiente vacío siempre llena para que nadie sospeche, a punto de reventar en su propio líquido amniótico. Aquéllos que hieren se esconden ante la verdad y evitan toda cercanía con ésta, aunque para ello utilizan lenguajes, formas y modos tan peregrinos que cualquiera puede ver desde lejos su verdadera debilidad y cobardía, ésa que tanto esconden tras un porte tan cuidadosamente estudiado. Aquéllos que hieren desconocen la libertad y el respeto, desconocen la individualidad (y ven cómo éstas ponen en peligro sus artimañas sociales). Aquéllos que hieren se sienten vacíos porque lo están y para ello tapan sus infinitos huecos una y otra vez con sustancias, seres o daños ajenos. Aquéllos que hieren cubren su inseguridad con las heridas que provocan en los otros y atacan la seguridad que ven frente a ellos con la ferocidad que les falta para enfrentarse al espejo. Aquéllos que hieren suelen engatusar con palabras para crear confusión entre la multitud o para que la presa más próxima no pueda escuchar el ruido que precede al golpe. Sus hechos les delatan siempre, pues nada tienen que ver con las palabras pronunciadas.
El miedo consigue arrancar lo peor del hombre. El miedo de un hombre débil es siempre un peligro para todo aquel que le rodea. Quien hiere con saña lo hace porque existe una necesidad de exterminar al otro, para elevarse ante él, para salvarse “contra el otro”. No me asustan los fuertes, sí los débiles, aquéllos que tras sellar puertas y ventanas se cuelan por las rendijas.
Empuñar un arma no es algo demasiado complejo, disparar tampoco, sacar las balas, arrojar el arma lejos de ti y enfrentarte al enemigo cara a cara exige coraje no armamento.
Hitler consiguió alimentar su ego con los cuerpos de miles de judíos, Pinochet decidió “ejecutar” órdenes desde su silla de despacho mientras otros soportaban las torturas y aún así defendían su libertad, Videla arrancó niños de sus hogares y destruyó una generación entera para elevarse él frente al mundo. Todos ellos fueron un día hombres de ésos a los que les gusta herir, que carecen de empatía, los que un día fueron jóvenes que tuvieron la misma visión: con mi debilidad sólo queda el exterminio del otro, el seguro, el fuerte, el que pelea con la verdad pese a estar atado de pies y manos.
Miremos a nuestro alrededor y no aceptemos patologías cuyo uniforme vemos con el alma, a los que hieren debemos cortarles el paso desde el primer momento. La vida es cruel, ya nadie recuerda el exterminio armenio. Aquéllos que se enfrentaron con sus hijos a los que les encañonaban, violaban a sus mujeres y cometían todo tipo de atrocidades, nos juzgan como tantos otros desde viejas fotografías amarillentas perdidas por diversos hogares rotos. Aquéllos que hieren seguirán intentándolo siempre, buscarán algún pequeño orificio por el que colarse. Si ahora mismo se produjese un conflicto bélico, aquí y ahora, miremos a nuestro alrededor: distinguiremos con total claridad y espanto los ojos de las culebras que permanecen agazapadas a nuestro alrededor. El que golpea, hiere o mata es quien tiene miedo no la víctima.
heinz está satisfecho de haber encontrado a un ser humano con el que follar. apenas divisa heinz al ser humano brigitte, y ya está desabrochándose para ponerse en posición de salida. mientras brigitte todavía le cuenta que lo quiere y que a la vez siente algo así como respeto por su éxito profesional, mientras brigitte todavía vaga por sus pensamientos sobre amor y respeto hasta la boda y sobre reformas, antes incluso de haber podido tomar precauciones, ya el follador heinz se le ha adherido al cuerpo como una sanguijuela.
y heinz acciona con ahínco su manubrio.

Las amantes. Elfriede Jelinek
LA "MUESTRA DE ARTE URBANO" DE LA PLAZA DEL SOL SE SUSPENDE, POR LLUVIA, SE CELEBRARÁ EL PRÓXIMO JUEVES A LA MISMA HORA.
CULTURA Sí, ESPECULACIÓN No

Por un uso público y cultural de la Fábrica de Gas de Oviedo y los chalets de la Fábrica de La Vega

Dos de los espacios más significativos y emblemáticos de nuestro pasado industrial, la Fábrica de Gas de Oviedo y los chalets de la Fábrica de La Vega, se hallan a día de hoy desprotegidos y amenazados por la especulación urbanística. Los abajo firmantes pedimos al presidente del Principado de Asturias y al alcalde de Oviedo un acuerdo que proteja ambos conjuntos arquitectónicos y los ponga al servicio de la ciudadanía, tal y como se ha hecho en otros muchos lugares de España y del resto del mundo con antiguos edificios industriales. Pedimos por lo tanto la rehabilitación de la Fábrica de Gas y su transformación en un centro cultural y artístico multidisciplinar, y locales para asociaciones, ONG´s, entidades juveniles y culturales, así como equipamientos para el barrio en el caso de los chalets de La Vega.


Universidad

Octavio Monserrat (decano de la Facultad de Geografía e Historia), Lluis Xabel Álvarez (profesor de filosofía de la Universidad de Oviedo), Benjamín Rivaya (profesor de derecho de la Universidad de Oviedo), Pilar García Cuetos (profesora de historia del arte de la Universidad de Oviedo), Aladino Fernández (profesor de geografía de la Universidad de Oviedo), Sergio Tomé (profesor de geografía de la Universidad de Oviedo), Ruben Vega (profesor de historia de la Universidad de Oviedo), Amparo Pedregal (profesora de historia de la Universidad de Oviedo), Rosa Cid (profesora de historia de la Universidad de Oviedo), Francisco Erice (profesor de historia de la Universidad de Oviedo), Jose Antonio Méndez Sanz (profesor de filosofía de la Universidad de Oviedo), Jorge Rodríguez Marqueze (profesor de filosofía de la Universidad de Oviedo), Francisco Javier Gil Martín (profesor de filosofía de la Universidad de Oviedo), Manuel Maurín (profesor de geografía de la Universidad de Oviedo), Ignacio Loy (profesor de psicología de la Universidad de Oviedo, Jorge Uria (profesor de historia contemporánea de la Universidad de Oviedo), Julia Barroso (catedrática de historia del arte de la Universidad de Oviedo)

Teatro

Boni Ortiz (crítico e investigador teatral), Roberto Corte (director, dramaturgo y crítico teatral), Rosa Garnacho (Producciones Quiquilimón), Sheila Montes, (actriz) Ana Laura Barros (Tras la Puerta Títeres), David Acera (actor), Paula Alonso (actriz y presidenta del colectivo cultural “Lata de Zinc”), Carlos Comendador (Compañía Pandemonium), La Gata Loca (actriz y cantante)

Música

Jorge Otero (Stormy Mondays), Xabel Vegas (músico), Dark laEme (músico), Igor Paskual (músico), Pablo Moro (músico), Garikoitz Gamarra (Ornamento y Delito), Roberto Berlanga (Ornamento y Delito), Rafa Caballero (Nómadas en Acción), Alfredo González (músico), Marcos Montoto (guitarrista), Carlos Martagón (ex Stukas, Koniek), Raul Viejo (músico)

Cine

Alberto Arce (documentalista) Iñaki Ibisate (documentalista)

Artes plásticas

Fernando Alba (artista), Bernardo Sanjurjo (artista), Carlos Suárez Fernández (artista), Ánxel Nava (artista y bardu errante), Carmen González (artista), David Asterisco (artista multidisciplinar), Chechu Álava (pintora), Verónica García Ardura (artista plástica y escenográfica), Matilde Huerta (profesora de la Escuela de Arte de Oviedo), Consuelo Vallina (artista)

Literatura

Sofía Castañón (poeta), Manolo D. Abad (escritor y crítico musical), Ana Vega (escritora), Rubén Darío Rodríguez (poeta), Juan Antonio de Blas (novelista y guionista de cómic), Pablo Texón (poeta)

Periodismo

Xuan Cándano (periodista, director de la revista ATLÁNTICA XXII), Beatriz R. Viado (periodista, directora del semanariu LES NOTICIES), Pepe Colubi (periodista y escritor), Pedro Menéndez (periodista), Javier Cuevas (periodista), Leticia Blas (periodista), Iván García (periodista)

Psicología y psiquiatría

Guillermo Rendueles (psiquiatra y escritor), Maria Jesús Fernández del Llano (psicóloga infantil), Ignaciu Llope (psiquiatra y escritor), Juan Pastor (profesor de psicología de la Universidad de Oviedo)

Asociacionismo cultural

Lola Lucio y Juan Benito Argüelles (fundadores de Tribuna Ciudadana)


Colectivos

Foro de Urbanismo Crítico de Oviedo, Asociación de Artistas Visuales de Asturias, Asturias Acoge, Ecologistas en Acción de Asturias, Asociación de Vecinos del Oviedo Antiguo, Cambalache, Xente Gai Astur, Asamblea de Ciudadanos por la Izquierda, Organización Local de Oviedo del Partido Comunista de Asturias, Los Verdes d´Asturies, Izquierda Unida de Oviedo, Ye Too Ponese, NOSEPARA, Colectivo Cultural “Lata de Zinc”, La Escandalera

Un escaso punto
y aparte.
La tensión que resta
del antes
con todo el hoy
sobre nosotros.
La quietud aplastante
de saberse
impotente
frente a las horas.

CONGRESO


Reunión. Congreso Internacional. Salas blancas. Carpetas. Monólogos infinitos. Cuestión de tiempo dejar de escuchar el ruido interno, las voces. Multitud de palabras lanzadas al viento. La madre y el niño al fondo, en silencio, inmóviles. La madre que agarra con fuerza la mano del hijo. El niño quieto, como recién llegado al mundo, los ojos grandes, las alas rotas por el veneno con el que inundan sus venas cada tres semanas, a veces cinco. Los daños colaterales a los que el médico se refiere siempre con eufemismos, las molestias que toda supuesta curación implica. Lo que sólo el ojo de la madre ve y el niño siente, padece, en carne propia. Aforo completo, sin embargo. Hombres y mujeres que tras la mesa sonríen satisfechos ante su brillante exposición técnica. Y el niño que sigue sin entender, que sufre. La mano de la madre que aprieta fuerte. El congreso llega a su fin, el éxito se refleja en los medios de comunicación pero no en la cara del niño. Tras la última ponencia los más prestigiosos especialistas en oncología abandonan la mesa y charlan de forma animada. Entonces la madre decide acercarse. El niño camina despacio, como un caracol desnudo, sin protección, sigue la mano que le aprieta fuerte. La madre suelta la mano del niño para alcanzar el brazo de uno de ellos y, entonces, dice con un escaso hilo de voz: “Mi hijo se muere”. Atónitos ante las molestias que esta madre les provoca ahora, se miran entre ellos como buscando la solución que sin duda no han encontrado, pese a intentar demostrar algo que ni ellos mismos podrían definir con exactitud. El niño se acerca a ellos, se abre paso entre las piernas de la madre y les pregunta: “¿Tienen un caramelo?”. Los más prestigiosos especialistas del mundo sienten verdaderas molestias estomacales al escuchar su voz. La madre busca temblorosa en su bolso algo que ofrecer al hijo.

"Aquella joven Callas tenía una voz especial: de una potencia extraordinaria, a veces estridente, como todos los elementos más puros de la naturaleza, pero nunca inexpresiva. Reconocía en ella una capacidad innata para transmitir emociones"

"Una voz de gata salvaje"

"Los otros lo único que han hecho ha sido anularme. Ahora sólo pienso en mí misma"

"De repente las palabras de Marilyn la hirieron como si le hubieran clavado una flecha en el corazón.
-Pero ustede no es una mujer feliz. Lo leo en sus ojos. También sufre por amor como yo. Nos anulamos en hombres que no nos merecen y se aprovechan de nuestra fragilidad"



Tan fiera, tan frágil
Alfonso Signorini
"He rechazado siempre que me comprendiesen. Ser comprendido es prostituirse. Prefiero ser tomado en serio como el que no soy, ignorado humanamente, con decencia y naturalidad"

Fernando Pessoa
Libro del desasosiego
"Al final, el médico lo mandó al psiquiatra, y el psiquiatra le dijo que el dolor de garganta se debía a que la ocluía voluntariamente para no gritar"


"¿Qué hará el ciego cuando tiene pesadillas?"


Postales de Invierno
Ann Beattie

I want you, you, you... Tom Waits

I want you…



“I want you, you, you…”
Tom Waits



Quedarme tan solo
un instante más
enredada en las sábanas
de la cama que huelen
a nosotros dos
una noche cualquiera
amándonos. Porque te deseo,
deseo, deseo, deseo
que fluye por mi cuerpo
en forma de silueta
que dibujan dos cuerpos
amándose, amándose
como nosotros dos
absortos en el deseo,
el deseo, ese deseo
que aún permanece
intacto en el hueco
de tu ausencia. Porque
anoche, como tantas otras,
tu cuerpo y el mío
cabalgaron juntos
hasta perderse en el abismo
que se crea a nuestro alrededor,
cuando en el centro mismo
del magma que forma
la esencia de nosotros dos amándonos,
fundiéndonos en lo más profundo
de lo que no se dice, que apenas se ve,
y que, sin embargo, se percibe
lentamente en el jadeo
agridulce que se nos escapa
de la boca cuando a punto
estamos de rendirnos tras la batalla,
y ese último beso
se alza entonces junto a las miradas
febriles que aún aguantan en pie
las embestidas del amor
y es entonces que al fin
susurro con el alma misma,
que lo que a ti me ata
en ese instante es el deseo animal
porque no hay más explicación
empírica ante el hecho más evidente
que puede producirse en una cama,
entre dos cuerpos que entrelazados,
en un baile lento y rítmico,
a veces convulso e indeterminado,
pero del todo lúcido pues, allí y ahora,
ellos se conocen y conocerán
mejor que nunca,
allí, el deseo, el firme deseo,
de penetrar más allá del alma del otro
se convierte en la respuesta definitiva,
aquello que conjuga en un breve silencio
que se interrumpe por el suspiro último
de tu boca y la mía,
tu cuerpo y el mío,
en una misma noche,
una madrugada que estalla
y se rompe bajo unas sábanas,
que quiebra en cierto modo
todo amanecer posible
pues el día se transforma ya para siempre
en el momento mismo en que cruzas la puerta,
te abalanzas sobre mí,
y el felino que se esconde dentro me abandona
porque niega toda defensa
y es entonces cuando he de admitir
lo evidente, el deseo,
que el deseo me conduce a ti,
porque el deseo me transforma
en la mujer
que escribe estas palabras
ahora que ya te has ido.
Desearte me conduce entonces
hacia mi misma,
hacia el centro neurálgico
del deseo mismo
que empuja toda vida
hacia delante.
Deseo de tener, tenerte,
desear sin más,
deseo al fin y al cabo
que me mantiene viva,
deseando…

Ausencia de fe




Perdí la fe.
Me quedé
atrapada
en la red
que teje
la araña
del desconcierto.


La incredulidad
certera
de quien
ha visto
demasiado.
Algo incurable.

POR LA DEFENSA DE LOS DERECHOS LABORALES EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
La dirección de Televisión Local Gijón intenta deshacerse de 30 trabajadores sin previo aviso, sin carta de despido y sin respeto a los más mínimos derechos laborales. Todos los que trabajamos en los medios de comunicación hemos escuchado esta historia muchas veces a lo largo de los últimos meses. Televisión Local Gijón es sólo el más reciente eslabón de una larga cadena. Sabemos que no será el último: La Voz de Asturias, Zebrastur, Localia, Teleasturias, Canal 10, Oviedo Televisión, Qué, Plural, y muchos más (recordad que Radio Vetusta fue cerrada el 31 de agosto, habiéndoselo comunicado de palabra a los 8 trabajadores que formaban la plantilla el martes anterior. EL CIERRE DE RADIO VETUSTA EL 31 DE AGOSTO, fue el primero de una sucesión de despidos y cierres de Medios de Comunicación como el que ahora impulsa a la Asociación de la Prensa a manifestarse). Si hay un sector que sufre el llamado “empleo basura” es nuestro sector: el sector de los medios de comunicación. Contratación que roza la ilegalidad, alta temporalidad, sueldos mínimos, sin respetar categorías profesionales ni antigüedad. Guiados por el amor a nuestra profesión periodistas y demás profesionales del sector hemos soportado lo insoportable, en Asturias y en todo el país. Paradójicamente, los abusos que soportamos quedan silenciados por nuestras propias empresas. Por todo ello, bajo el lema “Contra la precariedad laboral y los despidos en los medios de comunicación”, la Asociación de la Prensa Asturiana convoca una concentración el sábado 17 a las 19 horas en la Plaza Mayor de Gijón. Comprendemos que vivimos tiempos de crisis, pero los derechos de los trabajadores deben respetarse.
CONVOCA: Asociación de la Prensa de Asturias
"No recuerdo haber anhelado la compañía de nadie en mi vida"
"Fanny sabía muy bien que, a veces, no había nada más profundamente insultante que una propuesta de matrimonio"
Elizabeth Von Arnim
El señor Skeffington
La chica del puente



La chica del puente
busca desesperada
bajos las aguas
del Sena
al lanzador
de cuchillos
que consiga
coser
sus grietas.
Éste la observa
desde lejos,
adivinando
en cada movimiento
de su lucha
constante
por mantenerse
firme
frente a la muerte
una señal
que sólo él puede ver.
Ella gira su cabeza
hacia un lado
y otro
porque el reflejo
del cuchillo
le llega
de todas partes:
dentro,
bajo el agua
y en él.
Cuestión de decidir
el camino más suave
hacia la muerte,
gélidas aguas del Sena
que te engullen
sin saber tu nombre
o los ojos que te
observan
en ese mismo instante,
en ese puente que has elegido.
Y entonces,
él decide
por ella.
Se acerca
y la deslumbra
con la rotundidad
con que afirma
conocer
sus gestos,
su silueta
y los secretos
que la suerte
le niega
a aquellos
que en noches frías
buscan amparo
en los puentes.
Él le ofrece
sus armas
y ella elige.


Chica del puente
busca
lanzador de cuchillos…
SIGUES LLEGANDO


tú, David González




En las noches
más frías,
cuando las sábanas
pesan
sobre el cuerpo
sigues llegando
tú, sigiloso,
rompiendo
el vértigo
de las visiones
nocturnas
de las heridas
abiertas
que aún sangran.
Sigues
acariciando
mi mano
con la tuya,
tapando
con tu boca
el recuerdo
que me muerde
siempre
a ciertas horas.
Y sigues llegando
a tiempo
para curarme...
"He dejado atrás una galería subterránea y mis ojos no se acostumbran, todavía, a la luz"


Heridas causadas por tres rinocerontes
Fernando Sanmartín